Bev Priestman está al borde de un notable renacimiento profesional. Apenas meses después de cumplir una suspensión por su participación en el escándalo de drones de Canadá en los Juegos Olímpicos de París 2024, la entrenadora nacida en Inglaterra ha llevado a la selección femenina de Nueva Zelanda al borde de un gran trofeo. Es un acto de reconstrucción rápido y silencioso para una entrenadora cuya reputación fue gravemente dañada por la controversia.
La saga comenzó durante el torneo olímpico el verano pasado. Priestman, entonces entrenadora de la selección femenina de Canadá, estuvo en el centro de un escándalo que sacudió el fútbol femenino. Se descubrió que el personal de la Federación Canadiense de Fútbol utilizó drones para espiar los entrenamientos de los equipos rivales, una clara violación de las reglas de juego limpio. Se acusó a Priestman de estar al tanto — o de ser cómplice — de la operación. La FIFA y el Comité Olímpico Canadiense lanzaron rápidamente investigaciones, y Priestman recibió una suspensión de un año de todas las actividades relacionadas con el fútbol, lo que efectivamente la marginó del deporte al que había dedicado su vida.
Las consecuencias fueron inmediatas y graves. Canadá, la defensora de la medalla de oro, perdió puntos y luchó bajo la nube de controversia. Priestman, que había llevado a Canadá a la gloria en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, se convirtió en un pararrayos de críticas. Expresó arrepentimiento pero mantuvo su inocencia en ciertos puntos, pero el daño estaba hecho. Durante meses, permaneció fuera del ojo público, con su futuro como entrenadora incierto.
Pero en un movimiento que sorprendió a muchos, Priestman reapareció a principios de 2025 como la nueva entrenadora de las Football Ferns de Nueva Zelanda. El puesto fue visto como un salvavidas — una oportunidad para reconstruir su carrera lejos del intenso escrutinio de Norteamérica. La Federación de Fútbol de Nueva Zelanda asumió un riesgo calculado, apostando por la perspicacia táctica de Priestman y su capacidad para desarrollar talento. Tomó el mando discretamente, manteniendo un perfil bajo y centrándose en forjar una unidad cohesiva.
Bajo su dirección, las Ferns han mostrado una mejora notable. La meticulosa preparación y organización defensiva de Priestman han transformado al equipo en un conjunto formidable. Aunque evitó el foco mediático, su influencia era evidente en el campo: una forma disciplinada, flexibilidad táctica y una actitud de nunca rendirse. El plantel, compuesto por una mezcla de jugadoras experimentadas y jóvenes prometedoras, se adhirió a su visión.
Ahora, Priestman está al borde de su primer trofeo desde la suspensión. Nueva Zelanda se ha abierto camino hasta la final de un torneo regional — probablemente la Copa de Naciones Femenina de la OFC — donde se enfrenta a su archirrival. El partido representa más que un simple trofeo; es una oportunidad de redención para la entrenadora de 39 años. La victoria no solo coronaría un impresionante cambio de rumbo, sino que también silenciaría a muchos de los críticos que la descartaron después del escándalo olímpico.
Una victoria sería un testimonio de la resiliencia y la habilidad técnica de Priestman. También validaría la audaz decisión de Nueva Zelanda de contratarla. Si bien las cicatrices del escándalo de drones quizás nunca sanen por completo, un trofeo contribuiría en gran medida a remodelar su narrativa. Por ahora, Priestman se mantiene concentrada en la tarea que tiene entre manos, ignorando el ruido y confiando en el proceso que la ha llevado hasta este punto.
Basado en reportajes de ESPN.