Xxgwise
PremiumEntrar
Noticias

Cómo una charla con Ljungberg en 2016 desató a Bukayo Saka

Premier LeagueArsenalParís Saint-GermainVorskla PoltavaSuizaReal MadridInglaterraChelseaItalia

La crítica de Freddie Ljungberg en 2016 a Bukayo Saka, con su padre presente, despertó una ética de trabajo que lo convirtió en una estrella del Arsenal e

La trayectoria de la carrera de Bukayo Saka, de promesa de la academia a talismán del Arsenal e Inglaterra, se remonta a una única conversación brutalmente honesta en 2016. En una modesta sala de la academia Hale End del Arsenal, el entonces entrenador de la sub-15, Freddie Ljungberg, se sentó con el joven extremo, su padre Yomi y el personal de la academia. El mensaje fue directo: Saka se estaba dejando llevar por su talento natural y corría el riesgo de desperdiciar su inmenso potencial. "No más esconderse en los entrenamientos o hacer lo mínimo", dijo Ljungberg, exigiendo que Saka fuera el primero en llegar y el último en irse, que cargara con el equipo y aceptara el liderazgo.

Este momento de amor duro, recordado por el ex jefe de entrenamiento del Arsenal, Jan van Loon, resultó transformador. Saka, que había estado conforme con dar el 50% de esfuerzo y aun así ser el mejor en el campo, quedó atónito. Pero la crítica de Ljungberg venía desde el respeto y la promesa de apoyarlo. El cambio fue inmediato. "Fue como si todo encajara", dijo van Loon, comparándolo con piezas de un rompecabezas que caen en su lugar. El padre de Saka, Yomi, observando desde atrás, mostraba una sonrisa de alivio: por fin alguien empujaba a su hijo a alcanzar todo su potencial.

El impacto pronto se hizo visible en el campo de entrenamiento. Cuando Ljungberg se marchó al Wolfsburgo en febrero de 2017, van Loon tomó las riendas de la sub-15 y se encontró con un jugador diferente. Saka se había convertido en el líder del vestuario, organizando los calentamientos y exigiendo intensidad. Si el rendimiento bajaba, detenía las sesiones y arengaba a sus compañeros: "Bien, ahora vamos a trabajar... Hay que presionar más fuerte". La transformación fue tan completa que van Loon sintió que apenas tenía que entrenar al equipo. Saka dirigía el espectáculo.

La base de esta ética de trabajo se había forjado mucho antes, en las incontables horas perfeccionando sus habilidades con su padre y su hermano en el jardín familiar y los interminables viajes en coche a Hale End. Pero la intervención de Ljungberg encendió la mecha. En 2018, con solo 17 años, Saka debutó con el primer equipo del Arsenal bajo Unai Emery en un partido de la Europa League contra el Vorskla Poltava, con el número 87 a la espalda en el gélido Kyiv. Dos años después, consiguió su primera internacionalidad con Inglaterra, y su integración sin problemas dejó asombrado al entrenador asistente Chris Powell. "Recuerdo lo sencillo que fue para él adaptarse a los entrenamientos y al nivel de juego", dijo Powell, maravillado por el temple del joven.

Pero el viaje no estuvo exento de su capítulo más oscuro. La final de la Eurocopa 2020 en la tanda de penaltis, donde el penalti de Saka fue detenido para darle el trofeo a Italia, podría haberlo destrozado. Sometido a un vil abuso racial junto a Marcus Rashford y Jadon Sancho, Saka enfrentó una prueba de fortaleza mental. Powell, que lo consoló en el campo, admitió que temió que Saka nunca se recuperara. "Pensé que no podría volver de eso", dijo Powell. Sin embargo, el apoyo del seleccionador de Inglaterra, Gareth Southgate, del entrenador Mikel Arteta y de la familia del Arsenal resultó crucial.

"No solo recuperamos a Bukayo, sino que creo que recuperamos a un mejor jugador", reflexionó Powell. La adversidad forjó un acero interior que desde entonces se ha convertido en la seña de identidad de Saka. Se ofreció para lanzar penaltis tanto para el club como para el país, anotando goles cruciales como su tanto en el Santiago Bernabéu ante el Real Madrid en la Champions League de la temporada pasada. Jimmy Floyd Hasselbaink, que más tarde entrenó a Saka en el combinado inglés, elogió su receptividad: "Escucha, hace preguntas y asimila lo que le dices". Esas son las cualidades de un jugador que se negó a dejar que un momento lo definiera.

Ahora, mientras el Arsenal se prepara para enfrentarse al Paris Saint-Germain en la final de la Champions League de 2026 —20 años después de la última aparición del club—, Saka se erige como un estandarte de la determinación. Las duras palabras de Ljungberg, un ex 'Invencible' y finalista de la Champions League, resuenan en cada presión y en cada centro preciso. Es un recordatorio de que el talento por sí solo nunca es suficiente; la voluntad de sentirse incómodo, de ser desafiado, es lo que separa a los buenos de los grandes.

La intervención de Ljungberg no fue solo un punto de inflexión para Saka, sino una lección magistral de entrenamiento. Al negarse a dejar que una promesa se conformara, desbloqueó una mentalidad que ha llevado a Saka a través de los picos más altos y los valles más bajos. Como reflexiona van Loon: "A veces, en la carrera de un jugador, se puede rastrear todo hasta un momento en el que se da cuenta: 'No puedo dejar que el talento que me ha sido dado se desperdicie'". Saka tomó esa decisión aquel día de 2016, y el mundo del fútbol es más rico por ello. Basado en un reportaje de The Guardian.