El Parlamento Vasco ha rechazado de forma contundente una moción presentada por el partido de extrema derecha Vox que pedía que la selección española de fútbol disputara un amistoso en la región durante la temporada 2025-26 y que figurara entre las ciudades anfitrionas de los partidos de La Roja en la Copa Mundial de la FIFA 2030. La votación del jueves vio a todos los grupos políticos, excepto el conservador Partido Popular (PP), alinearse en contra de la propuesta, lo que subraya las profundas sensibilidades políticas y culturales que siguen rodeando la presencia de la selección española en Euskadi.
La selección absoluta masculina de España no juega un partido en el País Vasco desde hace más de cinco décadas. La última vez que la selección nacional visitó la región fue en 1967, cuando un equipo con leyendas de la época saltó al césped de San Mamés en Bilbao. Desde entonces, una combinación de oposición política de los partidos nacionalistas vascos y la falta de voluntad institucional ha mantenido a La Roja alejada de un territorio que ha producido algunos de los mejores talentos futbolísticos del país. En ese contexto histórico, la iniciativa de Vox siempre iba a enfrentarse a una fuerte resistencia.
La moción instaba específicamente al gobierno vasco a coordinar con la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), las instituciones locales y los clubes afectados para asegurar un partido de España en la campaña 2025-26. También pedía al Consejo Superior de Deportes (CSD) y a la RFEF que presionaran ante la FIFA para que Bilbao o San Sebastián albergaran uno de los partidos de la fase de grupos o eliminatorias de España si alguna de las ciudades se confirmaba como sede del torneo de 2030, que será coorganizado por España, Portugal y Marruecos.
Durante la sesión, la parlamentaria de Vox Amaia Martínez argumentó que los vascos y su presidente, Imanol Pradales, sentirían un orgullo genuino al ver jugar a la selección española en casa. Cristian Toro, el portavoz de deportes de la formación, instó a la cámara a no permitir que el ejecutivo regional convirtiera el deporte en un tema divisivo. Enfatizó que innumerables españoles aspiran a presenciar a la selección nacional en Euskadi y que los niños de la región deberían tener la oportunidad de animar a La Roja en un ambiente festivo.
La respuesta de la mayoría de los legisladores fue inequívoca. Todos los partidos excepto el PP votaron en contra de la moción, considerándola ya sea como una provocación no deseada o como un asunto que no debería imponerse a través de canales políticos. Las formaciones nacionalistas vascas se han opuesto durante mucho tiempo a acoger a la selección española por principio, argumentando que no consideran a La Roja como su equipo representativo. Para ellos, la presencia de la bandera y el himno español en un partido en Bilbao o Donostia sería un desafío directo a la identidad regional.
El rechazo tiene implicaciones significativas para la candidatura al Mundial 2030. Bilbao y San Sebastián se encuentran entre las ciudades candidatas que esperan albergar partidos del torneo, y el acuerdo de ciudad anfitriona de la FIFA normalmente exige que las sedes estén dispuestas a recibir a cualquier equipo, incluidas las selecciones de los coanfitriones. Si la oposición política regional imposibilita que España juegue un partido competitivo en el País Vasco, las posibilidades de inclusión de las dos ciudades podrían verse comprometidas. El asunto añade una dimensión política a lo que ya es un proceso de selección complejo que involucra a 11 ciudades candidatas españolas.
Para el fútbol español, la ausencia continua del País Vasco representa una oportunidad perdida. La región es un semillero de talento, con clubes como el Athletic Club y la Real Sociedad que alimentan el combinado nacional. El compromiso de los aficionados en Euskadi podría reforzarse con un partido competitivo de España, potencialmente fortaleciendo la conexión entre los seguidores locales y la selección nacional. Sin embargo, el clima político asegura que cualquier movimiento de este tipo se enfrentaría a una feroz oposición.
La propuesta de Vox, aunque infructuosa, ha reavivado un debate que surge periódicamente. Destaca la tensión entre quienes ven a la selección española como un símbolo unificador y quienes la consideran una imposición desde Madrid. La decisión del PP de apoyar la moción se alinea con su postura más amplia sobre la unidad nacional, pero el apoyo del partido por sí solo nunca fue suficiente para inclinar la balanza en una cámara donde los partidos nacionalistas tienen un peso significativo.
El gobierno vasco, liderado por el PNV de Imanol Pradales, no ha mostrado inclinación a facilitar un partido de España. De hecho, las autoridades regionales han promovido históricamente la selección nacional no oficial del País Vasco, distanciándose aún más de La Roja. Esta postura institucional hace que cualquier avance sea poco probable, independientemente del sentimiento popular o los deseos de la federación de fútbol.
De cara al futuro, la atención se centrará ahora en las decisiones sobre las sedes del Mundial 2030, que se esperan en los próximos meses. El Mundial representa un posible punto de inflexión: si la FIFA insiste en que cualquier ciudad anfitriona debe estar preparada para albergar partidos de todas las naciones participantes, las sedes vascas podrían enfrentarse a una dura elección entre los principios políticos y los beneficios económicos y de prestigio de formar parte de un evento global. Como una de las regiones más apasionadas por el fútbol en España, la exclusión del País Vasco del calendario de la selección nacional es una pérdida no solo para los aficionados locales, sino para el deporte en su conjunto.
Basado en informes de Marca.