La sonrisa que se dibujó en el rostro de Dick Advocaat al entrar en Hampden Park el viernes estaba cargada de nostalgia. Exactamente 27 años antes, había visto a su equipo del Rangers completar un triplete doméstico en el mismo estadio, consolidando un legado que incluye dos títulos de la Premier League escocesa, dos Copas de Escocia y una Copa de la Liga entre 1998 y 2001. Esta vez, sin embargo, el hombre de 78 años no estaba allí para revivir glorias pasadas sino para guiar a Curazao —una nación clasificada en el puesto 82 del mundo— en un amistoso contra Escocia, el último ensayo antes de su debut histórico en la Copa del Mundo de 2026.
El regreso de Advocaat a Glasgow tiene un peso simbólico. Durante su mandato en Ibrox, construyó un equipo formidable que dominó el fútbol escocés, y sus recuerdos de esos triunfos siguen vivos. Sin embargo, el hombre que una vez se enfrentó al Celtic de Martin O'Neill ahora enfrenta un desafío muy diferente: entrenar a un equipo compuesto en gran parte por jugadores a tiempo parcial para convertirlos en una unidad cohesionada capaz de competir en el escenario más grande del deporte. "Fui bastante exitoso en este estadio, así que mañana hay que tener cuidado", bromeó, insinuando el filo motivacional que aún conserva.
El amistoso contra Escocia no fue una mera exhibición para Advocaat. Fue una oportunidad para probar a su equipo contra una nación que, después de una espera de 28 años, también regresa a la Copa del Mundo. Los jugadores de Curazao —una mezcla de talentos amateur y semiprofesionales— han obligado a su entrenador a adaptarse. En sus encarnaciones anteriores, Advocaat era conocido por un estilo intransigente y obsesionado con los detalles que exigía precisión absoluta. Ahora, reconoce: "A veces hay que cambiar". Con un equipo que prospera más en el espíritu que en la rigidez táctica, ha aprendido a combinar estructura con la alegría contagiosa que sus jugadores aportan al entrenamiento: risas, música y una ética de trabajo implacable los días de partido.
Esa improbable combinación resultó suficientemente potente para llevar a Curazao a través de la clasificación de la CONCACAF, una hazaña que Advocaat supervisó antes de un breve receso. En febrero, un problema de salud familiar privado lo obligó a renunciar, pero fue reelegido este mes, asegurando que su nombre quedaría grabado en los libros de récords. Cuando Curazao se enfrente a Alemania el 14 de junio, Advocaat se convertirá en el entrenador más longevo en la historia de la Copa del Mundo. "No me importa porque no siento esa edad", dijo con su característica franqueza. El logro es un testimonio de su longevidad y de la confianza que aún inspira en el fútbol.
El camino hasta este punto no fue lineal. Advocaat asumió el mando de Curazao con el objetivo inmediato de clasificarse para la Copa de Oro, meta que cumplieron. A partir de ese éxito, la confianza creció, alimentando su improbable clasificación para la Copa del Mundo. El entrenador elogió la evolución de sus jugadores: "Es un equipo muy trabajador. Además del juego, disfrutan de la vida; se ríen, la música está ahí... pero en los partidos, hacen lo que tienen que hacer". Su disposición a adaptar sus métodos a la cultura única de su equipo subraya la inteligencia pragmática que ha sostenido su carrera a lo largo de décadas y continentes.
El empeño de Advocaat por conseguir este partido de preparación específico no fue casual. Recordó una dolorosa lección de su época como entrenador de los Países Bajos, cuando un amistoso previo al torneo contra Irlanda terminó en una derrota por 1-0 justo antes de la Eurocopa 2004. "Este tipo de cosas pueden pasar", dijo. Al buscar a Escocia con insistencia durante el sorteo de la Copa del Mundo el pasado diciembre, pretendía replicar la presión y la intensidad de un entorno competitivo, advirtiendo al mismo tiempo que incluso los oponentes superiores pueden ser sorprendidos —una advertencia tanto para su propio equipo como para los anfitriones.
Para Escocia, la ocasión marca un hito en sí mismo. Steve Clarke acaba de firmar una extensión de contrato que lo mantendrá al frente hasta la Copa del Mundo de 2030, una recompensa por poner fin a la larga ausencia de la nación en el gran evento del fútbol. Clarke ya mira hacia adelante, afirmando sin rodeos: "Deberíamos clasificarnos regularmente para los torneos". Reconoció los desafíos que plantea el tamaño de Escocia, pero enfatizó que el objetivo es evitar largos períodos de ausencia, aceptando que los fallos ocasionales son parte del ciclo. Las próximas finales han reavivado claramente la ambición de Clarke, y este amistoso sirve como plataforma de lanzamiento para un verano que podría redefinir el fútbol escocés.
Advocaat, a su manera característica, no limitó sus observaciones al terreno de juego. Recordó con cariño un plan audaz de sus días en el Rangers, cuando el entonces presidente David Murray y el presidente del Celtic buscaron la entrada en la pirámide del fútbol inglés, comenzando desde la cuarta división. "Ellos [los clubes ingleses] tuvieron miedo de hacer eso, así que se negaron", dijo Advocaat, aún creyendo que el movimiento habría sido transformador. "El Celtic y el Rangers son tan grandes que es increíble — no todo el mundo se da cuenta". El comentario subrayó su profunda conexión con el fútbol escocés y su aprecio por su estatura global, incluso mientras ahora defiende a una pequeña nación caribeña.
A medida que se acerca el pitido final de su extraordinaria carrera, Advocaat confiesa que la jubilación es una palabra que ha pronunciado muchas veces, solo para ser atraído de vuelta por el sonido del teléfono. "Si no te piden más, estás terminado", dijo. La Copa del Mundo, insiste, será probablemente su último acto. Si Curazao puede dar la sorpresa en un grupo que incluye a Alemania está por verse, pero su mera presencia —y la presencia de un táctico de 78 años en la banda— enriquece un torneo que a menudo celebra a los gigantes.
El amistoso en Hampden, entonces, es más que un telón de nostalgia. Es un choque de historias: un entrenador que busca un capítulo final de gloria, un equipo de soñadores que vive una fantasía improbable, y una selección de Escocia decidida a demostrar que su regreso a la Copa del Mundo no es algo puntual sino el comienzo de una nueva era. Mientras Advocaat observaba los alrededores familiares, quizás se permitió un momento para reflexionar sobre el camino recorrido —desde las alturas del triplete en Glasgow hasta las arenosas canchas del Caribe, y ahora de vuelta, con un lugar en el foco global justo en el horizonte.
Basado en un reportaje de The Guardian.