La racha sin victorias del Espanyol ha alcanzado la asombrosa cifra de 18 partidos en LaLiga, una sequía que se remonta a principios de diciembre, cuando sorprendieron al Athletic Bilbao en San Mamés. Aquella victoria, que parecía encaminarlos hacia una trayectoria ascendente, se ha convertido en un recuerdo lejano mientras los pericos se han hundido en la lucha por el descenso. Ahora, más de cinco meses después, reciben al mismo rival que les dio sus últimos tres puntos, sabiendo que solo una repetición puede frenar la caída libre.
Los hombres de Manolo González están empatados a puntos con el Girona, que ocupa la última plaza de descenso al inicio de esta jornada. El margen de error ha desaparecido tras una decepcionante derrota en Sevilla el pasado fin de semana, dejando al conjunto catalán desesperado por una victoria que proporcione un respiro muy necesario. El RCDE Stadium espera una respuesta, y el técnico ha pedido unidad y lucha a sus jugadores.
El Athletic Bilbao viaja a Barcelona con sus propias heridas. Una dañina derrota en casa ante el Valencia el lunes los dejó novenos, a solo un punto de los puestos europeos con apenas unos partidos restantes. Los leones han sido inconsistentes, convirtiendo los partidos en montañas rusas — han perdido más de lo que han ganado últimamente — y ahora afrontan un partido que podría definir su temporada.
A los desafíos de los visitantes se suman tres ausencias por lesión que podrían ser decisivas. El extremo estrella Nico Williams vuelve a estar fuera, un titular recurrente esta temporada que priva al Athletic de su amenaza ofensiva más dinámica. El lateral izquierdo Yuri y el centrocampista creativo Oihan Sancet también están descartados, obligando a Ernesto Valverde a recomponer su once en el peor momento posible.
Para Valverde, esta es una campaña emotiva. El técnico, conocido cariñosamente como Txingurri, ha anunciado que esta será su última temporada al mando, y la plantilla está decidida a darle una despedida europea. La derrota ante el Valencia fue un duro revés, pero una victoria en el Espanyol reviviría esas aspiraciones y mantendría vivo el sueño en el tramo final.
El duelo ofensivo podría girar en torno a dos delanteros que operan bajo presiones diferentes. Roberto Fernández, del Espanyol, está a solo un gol de establecer un récord personal en la máxima categoría, pero el delantero cordobés no encuentra el fondo de la red desde hace seis semanas. Su sequía refleja las dificultades del equipo, y un gol oportuno podría ser el catalizador para la salvación. El Athletic buscará a Gorka Guruzeta, su máximo goleador con 16 tantos en todas las competiciones esta temporada — nueve en LaLiga, cinco en la Champions League y dos en la Copa del Rey. Incluso cuando no marca, el donostiarra ha contribuido con asistencias clave, la más reciente en el desplazamiento anterior al partido contra el Valencia.
La historia de este enfrentamiento ofrece un rayo de esperanza para el Espanyol. Aquella victoria por 2-1 en San Mamés en diciembre se basó en la solidez defensiva y la efectividad de cara al gol. Repetir esa fórmula en casa, con el apoyo de la afición, es el plan de González. Sin embargo, el peso psicológico de una racha de 18 partidos sin ganar no se puede subestimar; la duda se instala cuando las victorias se vuelven esquivas.
Tácticamente, la ausencia de Nico Williams significa que el Athletic pierde su principal arma al contragolpe, lo que podría permitir al Espanyol adelantar más líneas. Pero los locales deben tener cuidado con los movimientos de Guruzeta y la creatividad de los centrocampistas restantes. Las jugadas a balón parado también podrían ser decisivas, dada la falta de acierto en juego abierto de ambos equipos.
Una victoria del Espanyol podría sacarlo del descenso, siempre que otros resultados le sean favorables, e infundiría la creencia de que la salvación es posible. Para el Athletic, el triunfo apretaría la lucha europea y prepararía un final emocionante para el mandato de Valverde. La derrota para cualquiera de los dos sería catastrófica: el Espanyol miraría al abismo, mientras que las ambiciones continentales del Athletic quedarían prácticamente extinguidas.
La atmósfera en el RCDE Stadium promete ser eléctrica, con la afición local sabiendo que la permanencia en la máxima categoría pende de un hilo. Los llamados a la calma se mezclan con las exigencias de máximo esfuerzo, y los jugadores deberán canalizar la ansiedad en una actuación concentrada. Nadie quiere formar parte del equipo que descienda al Espanyol.
En última instancia, este partido trasciende los matices tácticos y los duelos individuales. Es un choque entre desesperación y ambición, donde el peso de la historia y la presión del presente chocan. Durante 90 minutos, el área técnica será un hervidero de emociones mientras dos clubes históricos luchan por definiciones muy diferentes de éxito.
Basado en información de Marca.