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Mallorca al borde del descenso: Demichelis promete quedarse

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Martín Demichelis declara su intención de seguir como entrenador del Mallorca tras la derrota 2-0 ante el Levante que los deja al borde del descenso

Un sombrío Martín Demichelis enfrentó a los medios el sábado por la noche después de que su Mallorca colapsara 2-0 ante el Levante, un resultado que prácticamente confirma el descenso del club balear de LaLiga EA Sports. La derrota en el Ciutat de València, sumada a otros resultados, deja a los Bermellones al borde del descenso con solo un partido restante. Hablando con una mezcla de honestidad cruda y desafío, Demichelis se disculpó con los aficionados desplazados e hizo una declaración contundente: quiere liderar la reconstrucción la próxima temporada independientemente de la división en la que juegue el equipo.

La caída en desgracia del Mallorca ha sido brutal. Después de asegurar la supervivencia en campañas recientes gracias a un sistema defensivo resiliente, esta temporada ha estado plagada de errores costosos y falta de definición. La derrota ante el Levante fue un microcosmos de sus problemas: un partido que en momentos controlaron pero regalaron con dos goles baratos. Un balonazo largo del portero del Levante voló sobre todos y se alojó en la red, mientras que una entrega en el mediocampo provocó el segundo. Estos errores llegan tras una derrota igualmente plagada de fallos en Getafe, deshaciendo el recuerdo de una actuación con espíritu ante el Villarreal hace algo más de una semana, donde merecieron más pero se fueron con las manos vacías.

El técnico argentino no rehuyó la gravedad de la situación. "Tenemos que disculparnos con los aficionados", dijo Demichelis, refiriéndose a la emotiva despedida que el equipo recibió antes de viajar a Valencia. "Cometimos errores como en Getafe. Es difícil analizar esto públicamente porque es doloroso". Se mantuvo protector con sus jugadores a pesar de los evidentes fallos, enfatizando que la responsabilidad recae en él como entrenador. El resultado significa que el Mallorca debe vencer al Oviedo en la última jornada y esperar una secuencia extraordinaria de resultados en otros lugares para evitar el descenso, un milagro matemático, como lo llamó Demichelis.

Las lesiones también han pasado una factura dura a la plantilla. El capitán Antonio Raíllo ha estado fuera por un período prolongado y no estuvo listo para este partido crucial. El extremo Zito Luvumbo y el delantero Joseph tampoco estuvieron disponibles, despojando al equipo de velocidad y presencia física. Demichelis se vio obligado a recurrir a graduados de la academia como Olaizola y Calatayud, que impresionaron en momentos pero no pudieron cambiar el resultado. Elogió su potencial, destacando que "pueden ayudar mucho cuando se trata de reconstruir un equipo con un nuevo entrenador la próxima temporada", un comentario que inicialmente pareció insinuar su propia salida pero luego chocó con su declarado deseo de quedarse.

A pesar del inminente descenso, Demichelis fue inequívoco sobre su futuro: "Sí, quiero quedarme. Soy el primero que quiere estar aquí. Independientemente de lo que los jugadores decidan sobre sus contratos, soy feliz en esta isla y me han dado la libertad que necesito como entrenador". Este compromiso llega en un momento delicado. La directiva del club ahora enfrenta una decisión crítica: respaldar al hombre que no pudo evitar el descenso pero ha forjado un vínculo con el vestuario y la comunidad, o buscar un nuevo rumbo para una campaña en Segunda División con una plantilla muy alterada.

El apego de Demichelis al club parece genuino. Habló del calor que ha sentido desde que pisó la isla y de la libertad que la directiva le otorgó para implementar sus ideas. Su rueda de prensa reveló a un entrenador que, incluso en lo profundo de la decepción, ya está pensando en los próximos pasos. Habló de abrazar a los jugadores después del partido, de las relaciones que ha construido, particularmente con aquellos que ven menos minutos. "He tratado de estar cerca del grupo, y ahora no es momento de decirles nada", señaló, subrayando el lado humano de un deporte a menudo reducido a resultados fríos.

De cara al futuro, el partido final contra el Oviedo es tanto una obligación como un gesto de respeto hacia la afición. "Debemos a los mallorquinistas una victoria", dijo Demichelis. "Merecen un triunfo para cerrar la temporada". Incluso si la supervivencia es casi imposible, la oportunidad de restaurar algo de orgullo y terminar con una nota positiva tiene significado. Se espera que la atmósfera en el Estadi Mallorca Son Moix sea emotiva, mientras los aficionados asimilan el probable fin de una era de primera división que había sido restaurada con esfuerzo tras años en categorías inferiores.

Si se confirma el descenso, las implicaciones financieras y deportivas serán severas. Los activos clave buscarán salidas, y el club necesitará operar con un presupuesto drásticamente reducido. La disposición de Demichelis a continuar podría proporcionar continuidad, pero su propia admisión de que un nuevo entrenador podría estar involucrado —ya sea un lapsus o un reconocimiento de la posible inclinación de la directiva— añade incertidumbre. El club aún no ha señalado su intención públicamente, pero este verano será de reflexión y reestructuración sin importar el resultado en la última jornada.

La respuesta de la fiel afición del Mallorca ha sido de lealtad cansada, viajando en número a Valencia solo para presenciar otra dolorosa derrota. Las palabras de Demichelis tras el partido, aunque reflejaban los habituales mea culpas, también llevaban una esperanza desafiante de que el club pueda levantarse de nuevo. Su promesa de quedarse, si es aceptada por la directiva, daría al proyecto una cara reconocible para una exigente reconstrucción. Si esa reconstrucción tiene lugar en LaLiga o en la división inferior se sabrá en una semana.

Por ahora, Demichelis y su plantilla deben reagruparse, entrenar a través del dolor e intentar ofrecer una actuación final que honre el escudo. El futuro del argentino podría decidirse antes de que ese balón sea pateado por primera vez, pero su postura pública al menos ha trazado una línea de compromiso. Como dijo simplemente: "He sido feliz desde el día que llegué, y se lo dije a los responsables durante la semana". La pelota está ahora en el tejado del club.

Basado en reportajes de Marca.