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Por qué el título del Celtic es histórico: remontada de 3

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El Celtic marcó dos goles en los últimos tres minutos para vencer 2-1 al Hearts y ganar el título de la Scottish Premiership en el último día, poniendo fin a

En una temporada definida por una persecución implacable, el Celtic finalmente superó al Hearts de la manera más dramática imaginable en el último día de la campaña de la Scottish Premiership. Perdiendo durante gran parte del partido y necesitando una victoria para asegurar el título, los Hoops produjeron dos goles en los minutos finales — el ganador llegó en el tiempo de descuento — para arrebatar una victoria por 2-1 y poner fin a una persecución de ocho meses que los vio remontar durante 32 partidos consecutivos de liga. Los 2.880 minutos de acción en el campo que habían mantenido al Hearts en la cima de la tabla se deshicieron en un lapso de tres minutos de caos tardío, consolidando un triunfo que resonará en la historia del club.

El partido en Celtic Park comenzó fiel al patrón de la temporada: el Celtic carecía de filo mientras el Hearts defendía resueltamente. Lawrence Shankland, el capitán visitante y talismán, cabeceó al Hearts en ventaja poco después de la media hora — su primer disparo a puerta en toda la tarde. Para los anfitriones, fue un golpe bajo. Habían registrado cero disparos a puerta y solo dos toques dentro del área de penalti del Hearts en los primeros 30 minutos. El déficit inicial significaba que el Celtic necesitaba ahora dos goles contra un equipo que había concedido solo 23 veces en 37 partidos de liga.

Martin O'Neill, en su segunda etapa como entrenador del Celtic después de una temporada turbulenta que incluyó el breve reinado de Wilfried Nancy, necesitaba una segunda mitad transformadora. Sus cambios resultaron decisivos. El suplente Kelechi Iheanacho inyectó urgencia, y la presión finalmente dio frutos cuando Arne Engels convirtió un penalti para igualar el marcador. Sin embargo, cuando el reloj superó el minuto 70, el Celtic seguía sin mordiente. Iheanacho golpeó el poste a falta de 11 minutos, y Benjamin Nygren obligó a una excelente parada de Alexander Schwolow, pero el tiempo se escapaba.

El Hearts fue asediado por una oleada de lesiones que los dejó aferrándose. Beni Baningime se vio obligado a retirarse, y en rápida sucesión, Michael Steinwender, Stephen Kingsley y Alexandros Kyziridis también cayeron. Aunque siguieron luchando, la acumulación de golpes drenó visiblemente su energía y reordenó su forma defensiva. Cada parón traía más presión verde y blanca, y la resistencia de los visitantes comenzó a resquebrajarse bajo el peso de los ataques sostenidos.

Entonces llegó el momento que decidió el título. En el minuto 87, Callum Osmand — jugando su primer partido desde principios de noviembre — envió un centro preciso que Daizen Maeda remató con un final clínico. Maeda, que había marcado en cada uno de sus cinco partidos de liga anteriores, estaba llorando en el pitido final, abrumado por un gol que definirá su carrera en el Celtic. Fue su séptimo gol en esa crucial racha de partidos, y personificó el espíritu de nunca rendirse que O'Neill había inculcado a pesar de una temporada de inconsistencia.

El tiempo de descuento se extendió a ocho minutos mientras el Hearts lanzaba todo hacia adelante en busca de un empate que les habría devuelto el título. Su desesperación era palpable, pero dejó huecos en la defensa. En los últimos segundos, Osmand se escapó en un contraataque, corriendo libre con dos compañeros, y rodó el balón a la red vacía para sellar una caótica victoria por 2-1. El ruido dentro de Celtic Park era ensordecedor, pero las celebraciones rápidamente se desbordaron en controversia.

Una invasión de campo estalló cuando oficialmente quedaban 30 segundos en el reloj. Una sección de los seguidores del Celtic inundó el campo, obligando a que los momentos finales se abandonaran y provocando escenas desagradables que empañaron la ocasión. Se informó que el personal del Hearts estaba furioso, y el autobús del equipo visitante se marchó rápidamente por preocupaciones de seguridad. Una investigación es segura, y las autoridades del fútbol escocés deberán abordar lo que muchos consideraron un final vergonzoso para un regreso triunfal. La liga confirmó más tarde que se había pitado el final, pero el daño a la imagen del deporte estaba hecho.

Para O'Neill, la victoria conllevó una redención personal. En una etapa anterior en Celtic Park, había perdido dos títulos de liga en el último día. Esta vez, sus ajustes tácticos y la negativa del equipo a aceptar la derrota cambiaron la narrativa. La conexión del técnico de 74 años con el club ha sido irregular en ocasiones — enfrentó hostilidad al principio de la campaña — pero su capacidad para provocar goles tardíos y manejar el caos en el juego marcó la diferencia. Algunos aficionados ya piden una estatua para honrar su logro al arrastrar a un equipo con fallos al campeonato.

El Hearts, por su parte, reflexionará sobre una temporada que prometía tanto. Bajo el entrenador Derek McInnes y con el apoyo de la Fundación de Hearts y patrocinadores como Tony Bloom y James Anderson, el club ha construido un modelo sostenible que debería asegurar que sigan siendo contendientes. El enfoque basado en datos de Jamestown Analytics ha afinado su reclutamiento, y el dolor de esta derrota puede alimentar otro impulso la próxima temporada. Sin embargo, la agonía inmediata es profunda: estaban a tres minutos de un título histórico y lo vieron desaparecer en un instante.

El Celtic ahora enfrenta un verano de reconstrucción significativa. La toma de decisiones por encima de O'Neill ha sido cuestionada durante toda la temporada, y se espera una revisión. El título, ganado por el margen más estrecho, no borra los problemas subyacentes — falta de creatividad, fragilidades defensivas y profundidad de plantilla. Pero en una temporada donde «suficiente» se convirtió en el estribillo, el drama tardío contra el Hearts encapsuló la resiliencia que finalmente separó a los dos rivales de Glasgow.

Esta no fue solo una victoria de liga; fue un triunfo psicológico. Durante ocho meses, el Celtic persiguió sombras. Ganaron partidos que parecían destinados a perder, encontraron goles en los últimos momentos, y sobrevivieron a la agitación de cambios de entrenador e inconsistencia de jugadores. Las escenas del último día — tanto el éxtasis como la vergüenza — quedarán grabadas en la memoria del fútbol escocés, un recordatorio de lo delgada que puede ser la línea entre la gloria y la desesperación.

Basado en informes de BBC Sport.