La turbulenta temporada del Olympique de Marsella dio otro giro cuando el entrenador Habib Beye lanzó una feroz defensa de su puesto tras una ajustada victoria por 1-0 sobre el Le Havre. La victoria, la primera del OM en un mes, hizo poco para aliviar la presión sobre un entrenador que se siente asediado por lo que él llama una conspiración mediática. En una diatriba posterior al partido, Beye insistió en que no lee periódicos ni escucha programas de radio, pero reconoció que su círculo cercano lo mantiene informado de todas las críticas.
"Rara vez he visto una vendetta tan grande contra una persona", dijo Beye, refiriéndose a supuestos informes falsos sobre sus métodos de entrenamiento. El técnico de 49 años negó específicamente que una sesión de entrenamiento del miércoles pasado se acortara debido a un error del extremo estrella Mason Greenwood. Según fuentes, Beye detuvo la sesión 2.5 minutos antes, pero él afirmó que era parte del plan para el entrenamiento más intenso de la semana, no por ningún error individual. "Lo que me molesta son las mentiras sobre mí, sobre Habib Beye. No sobre el entrenador del OM. No tengo problema con las críticas a la táctica o los resultados", añadió.
Sin embargo, el incidente se ha convertido en un punto álgido en un vestuario ya tenso. La forma del equipo ha sido errática y las tensiones son altas en todo el club. El director deportivo Medhi Benatia está supuestamente harto de la actitud de Greenwood, mientras que Beye se encuentra atrapado entre gestionar el talento del inglés y mantener la disciplina del equipo. Los jugadores han notado una disparidad en el trato: Greenwood puede llegar al entrenamiento como quiera, mientras que el joven Bilal Nadir fue reprendido por usar un gorro y cordones desatados.
El dilema de Greenwood refleja los desafíos que enfrentó el predecesor de Beye, Roberto De Zerbi, quien también luchó por equilibrar el potencial del delantero con su conducta fuera del campo. Con el OM estancado en la mitad de la tabla y la clasificación a la Champions League desvaneciéndose, cada decisión se magnifica. La frustración de Benatia con Greenwood añade otra capa de complejidad, ya que Beye debe navegar por la política interna mientras intenta reunir a un equipo mentalmente agotado.
La victoria ante el Le Havre, conseguida por un solo gol, distó mucho de ser convincente. El OM creó pocas ocasiones y dependió de la resistencia defensiva ante un rival amenazado por el descenso. Para un club de la talla del Marsella, tales actuaciones son inaceptables, y la presión sobre Beye se intensifica con cada semana que pasa. El estallido del entrenador sugiere a un hombre que siente el calor, desesperado por recuperar el control.
La relación de Beye con los medios se ha deteriorado, pero su enfoque debería estar en el campo. Con partidos cruciales por delante, incluido un enfrentamiento contra un rival directo por puestos europeos, el margen de error es mínimo. La directiva, encabezada por el presidente Pablo Longoria, espera progresos y la paciencia se está agotando. Si los resultados no mejoran pronto, Beye podría convertirse en la última víctima de la puerta giratoria de entrenadores del OM.
La situación en el Velódromo es un microcosmos de problemas más amplios: luchas internas, bajo rendimiento y una desconexión entre la dirección y los jugadores. El futuro de Beye depende de su capacidad para unir a un equipo fracturado y ofrecer resultados. Por ahora, se ha ganado una semana de respiro con la victoria, pero los problemas subyacentes persisten. Basado en reportajes de L'Equipe.