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Por qué la supervivencia del Niza en la Ligue 1 en 2025

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El Niza recibe al Metz en la última jornada necesitando una victoria para evitar el playoff de descenso, perseguido por el recuerdo de 1997 cuando descendió

El escenario de pesadilla se ha materializado para el OGC Niza. Hace solo tres jornadas, tenían un cómodo colchón de cinco puntos sobre el Auxerre, pero dos derrotas consecutivas han dado la vuelta al guion. Ahora, en el último día de la temporada de la Ligue 1, el Niza debe vencer al ya descendido Metz en el Allianz Riviera para tener alguna esperanza de evitar el puesto de playoff de descenso—o peor, si otros resultados se confabulan en su contra. La derrota por 2-1 ante el Auxerre en su último partido no solo borró ese colchón, sino que también permitió a su rival directo salir de la zona de peligro, dejando a los Aiglones mirando al abismo.

Antes del partido decisivo, el entrenador Claude Puel y el defensa Jonathan Clauss atendieron a los medios, intentando proyectar calma en medio de una tormenta de ansiedad. El vicepresidente Maurice Cohen trató de inyectar positividad, pero el ambiente era pesado por el temor. Puel, con su expresión tan severa como siempre, descartó las garantías estadísticas. «Ce sera le bon moment pour le faire», respondió cuando le recordaron la racha de seis meses sin victorias en casa. Clauss ofreció una cruda realidad: incluso la supervivencia no traería alegría, solo alivio. «Ce ne sera pas un bonheur pour moi», dijo, subrayando el peso psicológico que carga el equipo.

El espectro de 1997 se cierne sobre la Riviera. Ese año, el Niza ganó la Copa de Francia pero sufrió un descenso catastrófico, un trauma grabado en la memoria colectiva del club. Patrice Alberganti, presidente de la asociación de exjugadores, capturó el estado de ánimo de la ciudad: «Le spectre de 1997 est dans toutes les mémoires. En ville, il y a une grande peur qui s’est installée parce que personne n’est capable de dire aujourd’hui si Nice peut gagner contre Metz.» El miedo es palpable—otra humillación podría llegar incluso mientras el club se prepara para una final de copa contra el Lens el 22 de mayo.

La forma local del Niza ha sido pésima, sin victorias en la liga en el Allianz Riviera desde el 29 de octubre, un 2-0 sobre el Lille. El estadio se ha convertido en una carga psicológica, y los aficionados temen una repetición de colapsos pasados. Puel, sin embargo, se mantiene desafiante, rechazando la relevancia de los datos históricos: «Je m’en fous des stats. Ce qui m’intéresse, c’est qu’on soit présents le jour J.» El enfoque del entrenador es único—Metz, y solo Metz. Pasó la semana preparando a sus jugadores para un encuentro que podría definir el futuro inmediato del club.

La tabla ofrece un camino estrecho hacia la supervivencia. Si el Niza gana y el Auxerre pierde en casa del Lille—que lucha por la clasificación a la Champions League—los Aiglones superarían al Auxerre y terminarían 15º, asegurando la salvación directamente. Un empate, combinado con una derrota del Auxerre, forzaría un playoff contra el Saint-Étienne de la Ligue 2. Una derrota, y el Niza descendería directamente si el Auxerre u otros rivales obtienen resultados. Las permutaciones son tortuosas, pero Alberganti reconoció una pizca de fortuna: «On a de la chance qu’Auxerre aille à Lille, qui se bat pour figurer en Ligue des champions, sinon on tremblerait encore plus.»

En medio de la incertidumbre en el campo, el caos fuera del campo añadió inestabilidad. Grégory Lorenzi, el candidato a director deportivo que había aceptado unirse al Niza sujeto a la supervivencia, dio un sorprendente giro y optó por el Marsella en su lugar. La traición dolió a un club ya tambaleante por malas contrataciones y errores estratégicos. La decisión de Lorenzi expone grietas más profundas—si el Niza no puede garantizar fútbol de primera división, atraer personal y jugadores de calidad será aún más difícil.

En paralelo, estalló una disputa pública por la logística de la próxima final de la Copa de Francia. El alcalde de Niza, Eric Ciotti, y el ministro de Transporte, Philippe Tabarot, chocaron en las redes sociales por la dificultad de llevar a 19.600 seguidores al Stade de France. Hubo acusaciones cruzadas, trenes escasos y alternativas de autobús organizadas a última hora. Finalmente, miles de entradas quedaron sin vender, simbolizando el desorden en torno al club. Un momento de gloria potencial está siendo opacado por el fracaso organizativo.

Lo que está en juego esta noche trasciende la mera posición en la liga. El descenso desencadenaría una catástrofe financiera—una caída masiva en los ingresos por televisión, retirada de patrocinadores y éxodo de jugadores. Para un club que saboreó las rondas preliminares de la Champions League en la misma campaña, tal caída sería devastadora. El golpe al orgullo cívico se haría eco de 1997, pero en una era de mayor escrutinio financiero, las repercusiones podrían ser más graves.

El futuro de Puel también está en juego. El veterano entrenador, que una vez llevó al Niza a noches europeas, ahora se enfrenta a la ignominia de descenderlo. Su enfoque pragmático no ha logrado encender al equipo, y la forma local es indefendible. Sin embargo, permanece aparentemente impasible, quizás entendiendo que su legado será definido por estos 90 minutos. Los jugadores, mientras tanto, cargan con el peso de la historia y las expectativas sobre un campo que ha sido un teatro de decepción durante más de medio año.

La temporada 2025 ha sido un camino largo y tortuoso desde aquella eliminatoria de agosto de Champions League contra el Benfica hasta este ajuste de cuentas del último día. Lesiones, malas tácticas y una mentalidad frágil se han combinado para sumir al Niza en una crisis. Esta noche, todo lo que importa son 90 minutos contra el Metz. Los oponentes no tienen nada que perder, lo que los hace peligrosos, pero el Niza debe encontrar algo que le ha faltado toda la primavera: una victoria en casa cuando más importa.

Mientras el Allianz Riviera se prepara para un lleno en angustia en lugar de celebración, los Aiglones se enfrentan a una elección entre redención y ruina. El fantasma de 1997 no será exorcizado fácilmente, pero una sola victoria podría reescribir la narrativa. Para un club con una orgullosa historia y un apoyo apasionado, el margen entre la salvación y la catástrofe es muy fino.

Basado en reportajes de L'Equipe.