El organismo rector del fútbol chino ha intensificado su campaña anticorrupción con una tercera ola de medidas disciplinarias, reforzando una postura de tolerancia cero contra el amaño de partidos, el juego ilegal y la corrupción. Las últimas sanciones, anunciadas por la Asociación China de Fútbol (CFA) el jueves, incluyen 17 nuevas suspensiones de por vida para ex directivos de clubes y un castigo más severo para el Meizhou Hakka de segunda división, al que se le descontaron seis puntos adicionales y se le multó con 800.000 yuanes (aproximadamente 117.000 dólares o 101.000 euros). La medida forma parte de una purga histórica que ya ha visto más de un centenar de exclusiones de por vida desde septiembre de 2024, sacudiendo los cimientos del deporte.
Las nuevas suspensiones afectan a personal de alto rango de clubes nacionales tanto pasados como presentes. Entre los permanentemente excluidos de las actividades futbolísticas se encuentran Ding Yong, exgerente general del Shenzhen FC; Shi Yaoyong, exejecutivo del Inner Mongolia Zhongyou; y Cao Yang, quien ocupó un cargo clave en el ahora sancionado Meizhou Hakka. Paralelamente, otros 48 profesionales recibieron suspensiones de hasta cinco años por infracciones disciplinarias graves, cuya duración se determinó según la naturaleza, frecuencia y escala financiera de sus faltas. Este grupo incluye a exdirectivos de clubes emblemáticos como Guangzhou Evergrande, Beijing Guoan, Shandong Taishan y Zhejiang Professional, lo que indica que ninguna institución está fuera del alcance de la investigación.
El caso del Meizhou Hakka subraya el peso acumulativo de la ofensiva. El club, actualmente anclado en el fondo de la tabla de la Liga One, ya había recibido una deducción de puntos en enero durante la segunda ronda de sanciones. El nuevo castigo —un descuento adicional de seis puntos y una multa considerable— fue provocado por el descubrimiento de nuevas infracciones graves relacionadas con casos previamente investigados, según la CFA. Con su supervivencia en la liga ya precaria, el déficit añadido profundiza su crisis y sirve como una advertencia contundente para otros.
Esta última tanda de sanciones se basa en fallos judiciales y materiales de investigación que han desentrañado sistemáticamente una red de corrupción. Desde el inicio de la campaña en noviembre de 2022, las autoridades han apuntado a jugadores, árbitros, entrenadores, directivos de la federación y gerentes de clubes. El alcance ha sido sin precedentes, con más de 100 personas recibiendo suspensiones de por vida solo desde septiembre de 2024. La intensidad refleja un esfuerzo deliberado de los líderes del fútbol chino por purgar el deporte de la corrupción endémica y restaurar la confianza pública tras años de escándalos.
Entre las figuras más destacadas atrapadas se encuentran Chen Xuyuan, expresidente de la CFA condenado a cadena perpetua, y Li Tie, exseleccionador nacional que recibió una pena de 20 años de prisión. Sus castigos simbolizan la gravedad de las ofensas y la determinación del Estado de responsabilizar incluso a los más poderosos. La segunda ola disciplinaria, anunciada en enero, ya había sancionado a 13 clubes —incluidos varios de la Superliga china— con deducciones de puntos y multas, demostrando que la corrupción institucional estaba extendida en diferentes categorías.
El desarrollo de la campaña tiene implicaciones significativas para el ecosistema del fútbol chino. Las sanciones repetidas han interrumpido las competiciones de liga, alterado las clasificaciones y empañado la reputación de clubes que antes eran respetados. Para equipos como el Meizhou Hakka, las consecuencias sobre el terreno son inmediatas: un agujero más profundo en la lucha por el descenso, posible presión financiera por las multas y una pérdida de credibilidad ante aficionados y patrocinadores. Para la Liga One y la Superliga en general, las medidas crean una atmósfera de incertidumbre, ya que más revelaciones podrían llevar a nuevas sanciones retroactivas que remodelen los resultados competitivos a mitad de temporada.
Sin embargo, hay una dimensión constructiva en la turbulencia. La CFA ha combinado la ofensiva disciplinaria con reformas institucionales y nuevos mecanismos de supervisión interna. Al publicitar estas medidas públicamente, la federación busca señalar que la era de la impunidad ha terminado. La salud a largo plazo del fútbol chino podría beneficiarse de una limpieza tan exhaustiva, siempre que los cambios de gobernanza se mantengan y se establezca una supervisión independiente. La purga, aunque dolorosa, podría ser un paso necesario para reconstruir un sistema de liga que ha tenido dificultades para atraer respeto internacional y entusiasmo doméstico.
El costo humano, sin embargo, es elevado. Las suspensiones no solo terminan con carreras, sino que también arrojan una sombra sobre las vías de desarrollo del deporte. Los jóvenes talentos que aspiran a trabajar en la administración o el entrenamiento del fútbol ahora se enfrentan a un panorama donde las consecuencias de la mala conducta son existenciales. El mensaje de las autoridades es inequívoco: las violaciones de integridad se castigarán con la exclusión permanente del juego.
Mientras se desata la tercera ola, todas las miradas están puestas en si esta ofensiva realmente limpiará el fútbol chino o simplemente allanará el camino para nuevas estructuras de poder. La determinación mostrada hasta ahora es impresionante, pero la prueba será la consistencia en el tiempo. Por ahora, las acciones de la CFA hablan más alto que cualquier comunicado de prensa: 17 suspensiones de por vida más y un castigo más severo para un club en dificultades son los últimos capítulos de una historia de expiación y ajuste de cuentas.
Basado en un informe de Marca.