Las esperanzas de Saint-Étienne de un regreso inmediato a la Ligue 1 se vieron afectadas tras un discreto empate 0-0 en casa ante el Niza en la ida del playoff de ascenso. Los Verdes, que tuvieron que superar una agotadora temporada en la Ligue 2 y luego una tensa victoria por penaltis sobre el Rodez apenas once días antes, parecían un equipo funcionando con lo justo. A pesar del rugiente apoyo de la afición del Geoffroy-Guichard, la actuación careció del filo necesario para tomar la iniciativa de cara a la decisiva vuelta de la próxima semana en la Costa Azul.
La forma reciente de los locales ya había hecho saltar las alarmas. Con solo tres victorias en sus últimos diez partidos en todas las competiciones, los hombres de Laurent Batlles llegaron a esta eliminatoria a doble partido en plena espiral descendente. El sistema de playoff, diseñado para dar al 18.º clasificado de la Ligue 1 una última oportunidad de sobrevivir, los enfrenta al ganador de la fase de playoff de la Ligue 2, pero Saint-Étienne, históricamente uno de los clubes más laureados de Francia, parecía un equipo incapaz de cerrar la brecha.
Desde el pitido inicial, Saint-Étienne tuvo dificultades para generar ofensiva alguna. Notablemente, no lograron registrar ni un solo disparo dentro del área del Niza, un vacío estadístico que el club solo había experimentado dos veces en dos décadas según los datos destacados por L’Équipe. Aún más condenatorio, no obligaron al portero del Niza, Marcin Bulka, a realizar una sola parada en toda la noche. Lucas Stassin y Zuriko Davitachvili, las joyas ofensivas retenidas a pesar del descenso del verano pasado a la segunda categoría, fueron sombras de sí mismos.
Un rayo de positividad llegó en la forma del debutante de 19 años, Luan Gadegbeku. El joven centrocampista, lanzado al foco en una ocasión de tan alto riesgo, mostró una refrescante disposición a llevar la batuta, conduciendo con intención e intentando desestabilizar la defensa del Niza. Su energía contrastó fuertemente con la de compañeros que parecían agotados por la maratoniana temporada.
El desgaste físico fue más evidente en Irvin Cardona. El delantero tuvo que retirarse por graves calambres ya en el minuto 67, sustituido por Joshua Duffus. La salida prematura de Cardona, a pesar de que el equipo se había beneficiado de un descanso de 11 días, planteó incómodas preguntas sobre la condición física y la preparación. La introducción de Duffus no logró encender el ataque, subrayando las limitaciones del banquillo.
Sin embargo, la apasionada afición del Saint-Étienne nunca flaqueó. En el minuto 89, el Kop Nord estalló en un despliegue de bengalas y desplegó una pancarta que decía: "Nosotros no cambiamos. Seguimos siendo los mismos, esa es nuestra mentalidad." Su lealtad fue un duro recordatorio de la estatura del club, pero también sirvió como un telón de fondo conmovedor para un equipo que parecía mental y físicamente agotado.
En defensa, Saint-Étienne se mantuvo firme, con Abdoulaye Kanté entre los que hicieron un buen trabajo. "Defendimos bien, pero tenemos que atacar mejor", admitió Kanté tras el partido, un sentimiento que capturó la contradicción de la noche. El resultado deja la eliminatoria muy igualada, pero con la regla del gol de visitante sin efecto (en su lugar, el marcador global determinará al ganador después de 180 minutos, con prórroga y penaltis si es necesario), los Verdes se enfrentan ahora a la desalentadora tarea de marcar en el Allianz Riviera.
El Niza, por su parte, llegó a Saint-Étienne apenas días después de una agotadora derrota en la final de la Copa de Francia ante el Lens. Sin embargo, parecieron el equipo más sereno, gestionando el ritmo del partido y limitando a los locales a esperanzadores disparos lejanos. Su enfoque en la contención reflejó un enfoque pragmático que los deja como favoritos para preservar su estatus en la máxima categoría en el partido de vuelta.
Para Saint-Étienne, el desafío está claro: deben redescubrir la chispa ofensiva que llevó a L’Équipe a bromear sobre "el PSG de la Ligue 2" durante el verano. Con el futuro financiero y deportivo del club en juego, el segundo partido representa un referéndum de 90 minutos sobre si todavía pueden pertenecer a la élite. Las estadísticas del primer partido ofrecen poco aliento, pero la narrativa del fútbol prospera con remontadas improbables.
Mientras los jugadores se retiraban del campo, los cánticos desde las gradas sonaron más a una súplica que a una celebración. La mitad verde y blanca del estadio sabe que solo una actuación enormemente mejorada al otro lado del Mediterráneo puede salvar una campaña que se ha deslizado hacia el agotamiento y la mediocridad. El tiempo corre y la presión es inmensa.
Basado en información de L'Equipe.