Bev Priestman está redescubriendo su pasión por el fútbol después de un período desafiante fuera del juego. La entrenadora principal del Wellington Phoenix celebró recientemente su cumpleaños número 40, un hito que provocó una reflexión sobre un año definido por una sanción de la FIFA y un intenso escrutinio público tras el escándalo de espionaje olímpico del equipo femenino de Canadá.
Priestman describe el profundo aislamiento que experimentó después de los eventos en París, señalando cómo los informes inexactos de los medios agravaron su sensación de estar desconectada del deporte que ama. "Te vuelves muy aislada en un trabajo que se trata de ser parte de un equipo", explicó, destacando el costo personal de la controversia.
Su mudanza a Wellington, Nueva Zelanda, le ofreció un nuevo comienzo lejos del foco de atención. Como el único equipo profesional de fútbol femenino del país, el Phoenix compite en la A-League Women's de Australia. Bajo la dirección de Priestman esta temporada, el equipo se ha transformado de perdedor perpetuo a serio contendiente, presumiendo del mejor ataque y defensa de la liga.
El Phoenix aseguró un segundo puesto en la temporada regular 2025-26, obteniendo un descanso en la primera semana de los playoffs. Ahora enfrentan una crítica semifinal de vuelta contra Brisbane Roar, perdiendo 2-1. Una victoria los impulsaría a una histórica primera gran final, con asientos temporales añadidos al Porirua Park para acomodar una multitud esperada de 5,000.
El impacto de Priestman va más allá de la táctica. Ha fomentado actuaciones destacadas de jugadoras como Brooke Nunn y Grace Jale, mientras nutre al talento adolescente Pia Vlok. El éxito del equipo ha encendido a la comunidad futbolística local, y Priestman nota un mayor reconocimiento en Wellington, un marcado contraste con su llegada inicial.
Para Priestman, la alegría radica en el trabajo diario de entrenar y ser mentora. "La mayor alegría que he tenido este año es simplemente volver a la cancha, trabajar con personas que quieren ser mejores", dijo. Este renovado sentido de propósito es un cambio bienvenido respecto a las preocupaciones de seguridad y el aislamiento que enfrentó anteriormente.
Su esposa, Emma Humphries, quien se desempeña como directora de la academia del Phoenix, también ayudó a facilitar la transición a Nueva Zelanda. Juntas, forman parte de un movimiento creciente para elevar el fútbol femenino en la región, con la esperanza de que el éxito del club muestre el potencial del deporte.
Basado en reportajes de Football | The Guardian.