El cuento de hadas se ha convertido en pesadilla para el CD Mirandés. Tan solo un año después de estar a punto de alcanzar La Liga, el club de Castilla y León ha sufrido el descenso a la tercera división de España. Una contundente derrota por 0-1 ante el Leganés en la última jornada de la Liga 2 los envió al descenso, completando una dramática caída en desgracia.
El partido en el Estadio Municipal de Anduva siempre iba a ser tenso. Tanto Mirandés como Leganés llegaban a la jornada 42 y final sabiendo que el perdedor caería a la tercera división española. Lo que estaba en juego no podía ser mayor, y la acción en el campo reflejó la inmensa presión.
Mirandés creyó haber encontrado la ventaja justo antes del descanso. Salim El Jebari metió el balón en la red en el minuto 45+1, desatando celebraciones eufóricas. Sin embargo, el gol fue anulado, una decisión que resultó sísmica. Los locales se quedaron lamentando lo que pudo haber sido mientras se iban al descanso en tablas.
Tras el descanso, el Leganés ganó confianza. El momento decisivo llegó en el minuto 67, cuando Alejandro Millan marcó el único gol del partido. Su disparo llevó el éxtasis a la afición visitante y dejó al Mirandés mirando al abismo. A pesar de la presión final desesperada, los locales no pudieron encontrar el empate.
Para entender la magnitud de este descenso, hay que recordar los días gloriosos de la temporada anterior. En 2025, el Mirandés realizó una notable andadura copera y terminó lo suficientemente alto para alcanzar los playoffs de ascenso. Llegaron hasta la final, solo para perder contra el Real Oviedo en la prórroga. Fue un casi-triunfo desgarrador, pero el club parecía listo para construir sobre ese éxito.
En cambio, esta campaña se desmoronó. El Mirandés luchó por la consistencia y se encontró en la mezcla del descenso durante toda la temporada. La derrota ante el Leganés fue el golpe final, sellando un 19º puesto y el regreso a la tercera división por primera vez desde la temporada 2018-2019. Para un club que había probado la posibilidad del fútbol de primera, el descenso representa un duro revés.
La caída de finalistas del play-off a relegados en menos de 12 meses es un duro recordatorio de la naturaleza implacable del fútbol. La plantilla del Mirandés, que había rendido por encima de lo esperado de forma espectacular, no pudo mantener la misma intensidad. Las bajas clave y la incapacidad de reemplazar a jugadores vitales probablemente influyeron, aunque la directiva del club ahora enfrentará preguntas difíciles.
El Mirandés no está solo en su descenso. El Huesca terminó 20º, la Cultural Leonesa 21º, y el Real Zaragoza, antiguo habitual de La Liga, completó el cuarteto de descendidos en el 22º puesto. Esto marca un cambio significativo para varios clubes históricos, con el descenso del Zaragoza atrayendo especial atención debido a su pasado prestigio como ganador de la Copa del Rey y participante europeo.
Para los jugadores y el cuerpo técnico del Mirandés, el pitido final trajo una mezcla de incredulidad y tristeza. Mientras el Leganés celebraba la permanencia, los locales se desplomaban en el césped, el contraste de emociones brutalmente evidente. El club ahora se enfrenta a un largo e incierto verano, con el desafío de reagruparse en la tercera división.
Las implicaciones económicas son severas. Los ingresos por derechos de televisión y acuerdos comerciales se reducirán, y el club puede tener que desprenderse de jugadores talentosos para equilibrar las cuentas. El sueño de un regreso a La Liga, que parecía tan cercano el año pasado, se ha convertido en una esperanza lejana. Reconstruir en la tercera categoría requerirá paciencia y una gestión astuta.
Los aficionados recordarán el gol anulado como el momento en que todo se escapó. El fútbol puede depender de esos finos márgenes, y el Mirandés lo descubrió de la forma más cruel. El camino de regreso a la segunda división será duro, pero el club ha desafiado las probabilidades antes: su ascenso anterior se basó en una identidad fuerte y una contratación inteligente.
Por ahora, la emoción cruda de la derrota del último día llevará tiempo procesarla. La historia del Mirandés es una advertencia de lo rápido que pueden cambiar las fortunas en las categorías inferiores. Mientras el club se prepara para la vida en D3, el recuerdo de esa final de ascenso perdida y la posterior caída libre servirán como motivación y un doloroso recordatorio para las temporadas venideras.
Basado en reportajes de L'Equipe.