La larga y agonizante espera de Escocia ha terminado. Por primera vez desde el torneo de 1998 en Francia, el Tartan Army marchará hacia un Mundial. El seleccionador Steve Clarke ha nombrado una convocatoria de 26 jugadores para la Copa Mundial de la FIFA 2026, poniendo fin a una ausencia de 28 años que incluyó seis campañas de clasificación fallidas. Esta selección no es solo una lista de nombres; es un testimonio de resiliencia y una nueva era para el fútbol escocés.
La última vez que Escocia estuvo en el escenario más grande del fútbol, el torneo se celebró en el mismo país donde la selección sufrió una infame derrota en el partido inaugural ante Brasil, antes de ser eliminada en la fase de grupos. Desde entonces, una generación de jugadores y aficionados han soportado casi-éxitos y desilusiones. Perder eliminatorias y quedarse fuera por diferencia de goles se convirtió en un dolor familiar. Pero Clarke, nombrado en mayo de 2019, ha transformado constantemente la mentalidad del equipo, guiándolos a dos Eurocopas consecutivas en 2020 y 2024, aunque las victorias en la fase de grupos seguían siendo esquivas.
Clarke heredó un equipo que era quinto en su grupo de clasificación para la Eurocopa 2020 e inmediatamente se propuso emular los logros de la selección femenina de Escocia, que había llegado al Mundial de 2019. En una ocasión manifestó su deseo de emular ese éxito, y su misión se cumplió con una dramática victoria en la tanda de penaltis del play-off ante Serbia que selló un primer gran torneo desde 1996. Ahora, con la clasificación para el Mundial asegurada, el técnico de 57 años se convierte en el primer hombre desde Craig Brown en llevar a Escocia a una fase final mundialista. Sin embargo, su contrato expira tras el torneo, lo que añade una capa extra de narrativa a esta campaña.
La convocatoria combina experiencia con exuberancia juvenil. El capitán Andy Robertson, ahora con 32 años y 92 internacionalidades, sigue siendo el lateral izquierdo talismán del Liverpool, mientras que el regreso de Kieran Tierney al Celtic ofrece solidez defensiva en el otro flanco. Las opciones para la pareja de centrales incluyen a Grant Hanley (34, Hibernian), Scott McKenna (29, Dinamo Zagreb) y Jack Hendry (31, Al-Ettifaq). En el centro del campo, la sala de máquinas está impulsada por John McGinn del Aston Villa (85 internacionalidades, 31 años) y Scott McTominay del Nápoles, cuyas 69 internacionalidades a los 29 años reflejan su importancia. Billy Gilmour, el mediapunta de 24 años también del Nápoles, representa el corazón técnico.
Una de las selecciones más intrigantes es la de Ben Doak del Bournemouth, de solo 20 años, con 12 internacionalidades ya. El extremo aporta velocidad e imprevisibilidad, mientras que el centrocampista de 19 años Findlay Curtis del Rangers gana su segunda internacionalidad como opción comodín. En ataque, Lyndon Dykes (Charlton Athletic) aporta 50 internacionalidades de trabajo duro, y Che Adams (Torino) ofrece movimiento y 46 internacionalidades. Lawrence Shankland del Hearts, con 18 internacionalidades, proporciona un toque clínico en el área. Cada posición tiene profundidad que los anteriores equipos escoceses carecían.
El enfoque táctico de Clarke ha evolucionado. Históricamente favoreciendo una línea de tres defensas, tiene el personal para cambiar entre formaciones. Robertson y Tierney pueden actuar como carrileros, permitiendo a Escocia sobrecargar las bandas. Las arrancadas desde atrás de McTominay fueron instrumentales en la clasificación, y la habilidad de McGinn para llegar al área sin marcar podría ser crucial. La pregunta sigue siendo: ¿puede Escocia finalmente asegurar un puesto en la fase eliminatoria? En cuatro partidos de fase de grupos de grandes torneos bajo Clarke, el equipo ha empatado dos y perdido dos, sin encontrar nunca el filo. Este Mundial ofrece redención.
Las implicaciones se extienden más allá del campo. La clasificación en sí misma ha encendido el orgullo nacional y proporcionará importantes recompensas financieras a la Asociación Escocesa de Fútbol, potencialmente financiando iniciativas de base. Para un país que a menudo ha vivido a la sombra de su vecino más grande, esta convocatoria tiene la oportunidad de redefinir la posición global del fútbol escocés. La inclusión de jugadores con raíces multinacionales —como Angus Gunn (cuyo padre Bryan fue internacional con Escocia) y Scott McKenna (cuya madre es australiana)— subraya el tejido diverso de la convocatoria moderna.
A medida que se acerca el torneo, Clarke enfrenta decisiones difíciles. El estado físico del veterano portero Craig Gordon, ahora de 43 años y obteniendo su 84ª internacionalidad, será monitoreado de cerca, aunque Liam Kelly y Gunn ofrecen alternativas más jóvenes. La línea defensiva debe acoplarse rápidamente, dado el tiempo limitado de preparación. Sin embargo, la emoción predominante es el optimismo. Por primera vez en décadas, Escocia viaja a un Mundial no solo para completar el número, sino para competir.
Basado en reportajes de BBC Sport.