En la región costera sur de Paraíba, Brasil, la comunidad quilombola de Mituaçu está lidiando con las consecuencias de devastadoras inundaciones que azotaron la zona. La comunidad, ubicada en el municipio de Conde, quedó completamente aislada del mundo exterior tras las lluvias torrenciales que comenzaron un viernes reciente. Si bien no se reportaron víctimas mortales ni heridos, los residentes enfrentan una tarea monumental de reconstrucción tras perder años de trabajo debido al aumento de las aguas.
Las inundaciones no son un fenómeno nuevo para la comunidad, que experimenta problemas similares anualmente durante la temporada de lluvias. Sin embargo, los residentes reportan que el evento de este año fue excepcionalmente severo, causando daños sin precedentes. Una residente, Ruth Neide, se vio obligada a evacuar su hogar cuando las aguas de la inundación alcanzaron la mitad del edificio. Al regresar, encontró sus pertenencias, incluidos refrigeradores y camas, arruinadas. "Hubo muchas pérdidas, no de vidas, sino de objetos, de años de trabajo", declaró, con la voz cargada de emoción. La proximidad de la comunidad al río Gramame, que se desbordó, es una fuente constante de vulnerabilidad.
El aislamiento tuvo consecuencias inmediatas y prácticas más allá de los daños materiales. Los residentes no pudieron salir para realizar actividades esenciales, lo que interrumpió su vida diaria y sus medios de subsistencia. Ivana Sena, una pescadora local, perdió una cita médica crucial y no pudo comprar alimentos para su familia porque los tres caminos de acceso sin pavimentar a la comunidad estaban sumergidos. El impacto económico también fue severo para los agricultores locales. Carlos Allan, un trabajador agrícola, informó la pérdida de tres hectáreas de cultivos, incluidos yuca, maíz y frijoles verdes, lo que representa un duro golpe para la seguridad alimentaria y los ingresos de la comunidad.
Este desastre recurrente ha provocado un debate más amplio sobre el racismo ambiental. Investigadores y activistas señalan que el impacto desproporcionado de los desastres naturales en las comunidades quilombolas, indígenas y periféricas no es accidental. Mikaele Farias, portavoz climática de las Naciones Unidas en Brasil, explicó que estas poblaciones a menudo son empujadas a áreas más vulnerables debido a procesos históricos de exclusión. "Es cuando las poblaciones negras, quilombolas, indígenas y periféricas se ven más afectadas por problemas ambientales como inundaciones, deslizamientos de tierra, contaminación y falta de saneamiento básico", dijo Farias. "Esto no ocurre por casualidad".
Los miembros de la comunidad atribuyen la mayor gravedad de las inundaciones a la sedimentación del río Gramame, un problema que vinculan con la actividad humana, incluido el desarrollo inmobiliario a lo largo de sus orillas. Argumentan que el flujo del río se ha vuelto más rápido y destructivo, dejando poco tiempo para rescatar pertenencias cuando el agua sube. Los residentes ahora piden políticas públicas específicas para abordar estas desigualdades y prevenir el ciclo anual de destrucción y reconstrucción.
La situación en Mituaçu es parte de una crisis mayor en todo el estado de Paraíba, donde las fuertes lluvias han afectado a más de 37.000 personas y han puesto a 31 municipios en estado de emergencia. La comunidad permanece parcialmente aislada mientras continúan los esfuerzos de recuperación, lo que subraya la necesidad urgente de soluciones a largo plazo para proteger a las poblaciones vulnerables de los crecientes impactos del cambio climático y el abandono ambiental.
Basado en reportajes de g1.