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Cromo de Chile de £150 completa el álbum del Mundial de

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Stephen Butler gastó £150 en un cromo de Chile que faltaba para terminar su álbum del Mundial de 1970 de Panini después de 56 años, mientras la FIFA planea

Durante más de medio siglo, el álbum de cromos del Mundial de 1970 de Panini de Stephen Butler permaneció tentadoramente incompleto: un solo espacio vacío para Chile, la nación anfitriona del torneo de 1962, se le escapaba desde su infancia. Eso cambió esta semana cuando el hombre de 69 años finalmente localizó el cromo perdido, pagando £150 a un vendedor privado y completando una colección que comenzó cuando tenía 13 años. La culminación llegó con una sorprendente simetría: el mismo día en que la FIFA confirmó que su asociación de 60 años con Panini concluiría en 2030, Butler cerró la página final de una pieza de la historia del fútbol que definió a generaciones de aficionados.

Butler redescubrió el álbum casi terminado hace cinco años mientras limpiaba su desván durante una mudanza. Escondido entre recuerdos escolares, el álbum lo transportó instantáneamente de vuelta al verano de 1970, cuando llenó sus páginas por primera vez. "Me trajo muchísimos recuerdos", recordó. Para un adolescente de Lancashire, ese Mundial fue transformador. Inglaterra llegó como defensora del título y el torneo se transmitió en color por primera vez en el Reino Unido, un espectáculo desde el lejano México que cautivó a la nación. "Era en color, era en vivo, era al otro lado del mundo", dijo Butler. "Así que cuando papá compró el televisor en color, pensé: '¡caray, que lleguen las vacaciones escolares'."

El Mundial de 1970 también marcó el inicio de la icónica asociación de Panini con la FIFA, una colaboración que generaría décadas de colecciones de cromos y se convertiría en un referente cultural para los aficionados al fútbol en todo el mundo. El álbum de Butler, con sus vívidas ilustraciones y retratos de jugadores, fue uno de los primeros de este legado. Atesoraba los exóticos nombres de estrellas italianas como Boninsegna y Facchetti, mientras se maravillaba con la brillantez de los brasileños Pelé y Jairzinho. En ese entonces, cada paquete de cuatro cromos costaba cinco peniques anteriores al decimal en el estanco o la tienda de golosinas local, un precio pequeño por un pedazo del juego global.

Sin embargo, un cromo se le escapaba constantemente: Chile. El equipo se ganó su lugar no por clasificarse en el campo, sino por ser anfitrión del Mundial de 1962 en Santiago, una nota histórica inmortalizada en el formato de Panini. Durante 56 años, ese vacío representó una búsqueda infantil inconclusa. Después del descubrimiento en el desván, Butler guardó el álbum nuevamente, con el cromo faltante aún sin reclamar.

El impulso para completarlo finalmente vino de un titular sombrío. Butler escuchó en la radio que Panini y la FIFA no renovarían su asociación más allá de 2030, poniendo fin a una tradición que comenzó con su propio preciado álbum. "Es una lástima que se pierda tanta herencia", dijo, y la noticia le dejó "un mal sabor de boca". Impulsado por una nueva urgencia, buscó en internet y localizó a un vendedor que ofrecía el esquivo cromo de Chile. A pesar del precio de £150, un aumento enorme respecto a los peniques originales, Butler lo consideró una pequeña inversión dado que los álbumes completos de 1970 han alcanzado hasta £10,000 en subastas.

El momento de la transacción resultó ser una coincidencia. El mismo día en que la FIFA anunció el fin de su acuerdo con Panini en 2030, Butler colocó el último cromo, transformando su álbum de una reliquia nostálgica en un objeto completo de valor. La convergencia resalta el fin de una era: durante seis décadas, los álbumes de Panini fueron un rito de iniciación para los jóvenes aficionados, con sus coloridos rectángulos capturando a los héroes de cada Mundial. El inminente fin en 2030 romperá un vínculo tangible con el pasado futbolístico, dejando alternativas digitales que carecen del mismo encanto físico.

Sin embargo, para Butler, el valor del álbum se mide en recuerdos, no en dinero. "Es parte de mi vida, me trae recuerdos interesantes", explicó. "Mis recuerdos no son los de nadie más, ¿sabes?" No tiene intención de venderlo, a pesar del posible valor de subasta del álbum. En cambio, probablemente se convertirá en una herencia familiar; sus tres hijos adultos, bromea, "tendrán que pujar por él". El álbum ahora es un puente entre generaciones, un testimonio del poder de la paciencia y la magia perdurable de la nostalgia del Mundial.

La conclusión de la era Panini-FIFA señala un cambio más amplio en el fanatismo futbolístico, ya que las plataformas digitales reemplazan cada vez más las colecciones físicas. Para millones, la emoción de intercambiar cromos y la satisfacción táctil de llenar un álbum son rituales irremplazables. La historia de Butler subraya lo que está en juego: una conexión tangible con el pasado del fútbol que ninguna aplicación puede replicar. Con el último cromo en su lugar, un viaje de 56 años terminó, no solo para un niño de Ribble Valley, sino para toda una generación que vivió la edad de oro de los coleccionables del hermoso juego. Basado en un reportaje de The Guardian.