La absurda decisión de Mathys Tel de intentar una chilena en su propia área penal, golpeando a Ethan Ampadu en la cabeza, cristalizó la fragilidad perdurable del Tottenham. La ventaja, asegurada por el autogol de Tel seis minutos antes, se evaporó en un destello de locura. Una victoria que habría elevado al Spurs a cuatro puntos de distancia de la zona de descenso se marchitó en un empate 1-1, dejando al club tambaleándose a solo dos puntos por encima del West Ham con dos partidos restantes.
La mejora bajo Roberto De Zerbi ha sido notable desde que reemplazó a Igor Tudor, cuyo reinado de 44 días generó solo un punto de cinco partidos de liga. En la primera hora contra el Leeds, el Spurs parecía transformado: confianza en la posesión, presión organizada y movimientos con propósito. El tifo previo al partido que decía «Siempre juntos» no parecía sarcástico por primera vez en meses. Pero a medida que se acercaba el pitido final, sonaron abucheos, algunos dirigidos al árbitro Jarred Gillett, pero la mayoría hacia la incapacidad del equipo para cerrar un partido que dominaban.
El Spurs controló el juego hasta el desafío sin cerebro de Tel. Habían creado varias ocasiones claras, con Randal Kolo Muani y Tel amenazando la defensa del Leeds. El gol llegó cuando Tel anotó tras una jugada bien elaborada, culminando un período de presión sostenida. Sin embargo, el segundo gol nunca llegó, dejando al Spurs vulnerable a un momento de autodestrucción.
El penalti en sí mismo fue un microcosmos del problema: sin presión, sin lógica, solo una chilena imprudente que conectó con la cabeza de Ampadu. El árbitro del VAR Craig Pawson intervino, Gillett señaló el punto, e Illan Meslier convirtió. De repente, la energía del Spurs desapareció. Tel desapareció del juego, los pases fallaron y la ansiedad regresó. Solo los reflejos agudos del portero Antonin Kinsky y el travesaño evitaron un gol de la victoria tardía de Sean Longstaff.
El resultado deja al Spurs en una posición precaria. Viajan al Chelsea después de la final de la FA Cup y luego reciben al Everton. El West Ham se enfrenta al Newcastle fuera de casa y al Leeds en casa. Una victoria y un empate probablemente asegurarían la salvación, pero son cuatro puntos que el Spurs no ha logrado sumar en dos partidos en casa ganables, el mismo margen que podría condenarlos. El empate tardío contra el Brighton en el partido anterior ahora cobra aún más importancia.
La huella táctica de De Zerbi es innegable. El Spurs atrae a los oponentes a su presión, juega con confianza en espacios reducidos y muestra estructura. Pero la fragilidad psicológica persiste. La reputación de «Spursy» —la capacidad de arrebatar la derrota de las garras de la victoria— está profundamente arraigada. Jonathan Wilson señaló que «ser Spursy es simplemente lo que los Spurs son». La reacción del equipo al empate demostró que la cultura no se puede borrar en semanas.
La conclusión positiva es que durante una hora, el Spurs jugó su mejor fútbol en 18 meses. El estilo es claro, y De Zerbi ha reconstruido la confianza. Pero los hábitos más dañinos son los más profundos. La larga lista de lesiones del plantel, aunque vio el regreso de James Maddison, limitó las opciones desde el banquillo. Sin embargo, fue el colapso mental colectivo lo que decidió el resultado.
Si el Tottenham desciende, será debido a un profundo descuido, no solo aquí, sino a lo largo de una temporada plagada de errores evitables. De Zerbi puede cambiar tácticas, pero no puede borrar instantáneamente el gen autodestructivo que define al club. Los dos últimos partidos determinarán si este resurgimiento es una base o solo otro amanecer falso.
Basado en reportajes de The Guardian.