En un revés sorpresivo para los campeones del mundo reinantes, Francia cayó por 2-1 ante Costa de Marfil en un amistoso pre-Mundial en el Stade de la Beaujoire en Nantes. Fue una noche que pasará a la historia, por todas las razones equivocadas. Bajo el mando de Didier Deschamps, los Bleus nunca antes habían probado la derrota en un partido de preparación previo a un gran torneo, un récord impecable que se remontaba a su nombramiento en 2012.
La derrota rompe una notable secuencia de consistencia que se había convertido en un sello del mandato de Deschamps. Antes de este traspié, Francia había sorteado las preparaciones para los Mundiales de 2014, 2018 y 2022, así como las Eurocopas de 2016, 2021 y 2024, sin un solo revés previo a la competición. Para encontrar la última vez que los franceses encajaron más goles de los que marcaron en un partido de despedida, hay que retroceder al 4 de junio de 2010: una derrota por 1-0 ante China en Saint-Pierre de la Reunión bajo Raymond Domenech, pocos días antes del malogrado Mundial de ese año en Sudáfrica. Ese lapso de 16 años subraya cuán extraña es esta sensación para un equipo acostumbrado a partir a los torneos con el impulso firmemente de su lado.
La forma de la derrota del jueves fue igualmente inquietante. Francia abrió el marcador, aparentemente en camino a una victoria rutinaria, pero permitió que Costa de Marfil se recuperara en el partido. Fue solo la octava vez en los 135 partidos de Deschamps al mando que su equipo pierde después de marcar primero, un escenario previamente visto en 96 victorias y ocho empates. La resiliencia de los marfileños expuso un punto débil que ha estado apareciendo con preocupante frecuencia: por cuarto partido consecutivo, Francia no logró mantener su arco en cero, la racha más larga desde una serie de seis partidos entre septiembre y diciembre de 2022. Una defensa que alguna vez fue prácticamente impenetrable ahora parece vulnerable, una señal preocupante con el Mundial en el horizonte.
Sin embargo, el revés también debe verse desde una perspectiva más amplia. La victoria de Costa de Marfil se une a una selecta pero notable lista de triunfos africanos sobre los franceses. Desde el cambio de siglo, otras cuatro naciones africanas han derrotado a Les Bleus: la famosa victoria de Senegal por 1-0 en el partido inaugural del Mundial de 2002, el triunfo amistoso de Nigeria por 2-1 en Saint-Étienne en 2009, el resultado de Sudáfrica por 2-1 como anfitriona en la final del grupo de 2010, y el golpe de Túnez por 1-0 en el Mundial de 2022 (aunque resultó académico para la progresión de Francia). Que esta última derrota haya ocurrido en casa ante un equipo que no logró clasificarse para la próxima Copa del Mundo añade una capa adicional de humillación.
El significado más amplio para la defensa del Mundial de Francia es profundo. Deschamps ha enfatizado durante mucho tiempo la importancia de llegar a los torneos en buena forma; sus equipos han utilizado tradicionalmente los amistosos previos a la competición para ajustar la forma y generar confianza. El revés de 2-1 no solo detiene ese impulso, sino que plantea preguntas sobre la profundidad, la configuración táctica y la preparación mental del equipo. Con el torneo acercándose, cada dato sugiere que el margen de error se está reduciendo.
Sin embargo, la historia enseña cautela. La derrota de Francia ante China en 2010 fue un precursor de una campaña llena de motines que los vio salir en la fase de grupos. Por otro lado, otros campeones pasados han superado preparativos turbulentos para encontrar el éxito una vez que comenzó el torneo propiamente dicho. La prueba clave para Deschamps será transformar este shock en un catalizador para una introspección rigurosa en lugar de permitir que la duda se afiance. Como podría señalar un observador experimentado: "Una derrota ahora es más fácil de arreglar que una derrota en el partido inaugural del Mundial".
En medio del análisis posterior al partido, la atención se centra naturalmente en la unidad defensiva. La ausencia sostenida de arcos en cero sugiere un problema sistémico, no solo fallos individuales. Ya sea la coordinación entre los defensas centrales, la falta de protección del mediocampo o una simple caída en la concentración, el cuerpo técnico enfrenta una carrera contra el tiempo para reconstruir la fortaleza que los llevó a la gloria en 2018 y a la final de 2022.
Después de esto, el propio Deschamps probablemente enmarcará el resultado como una llamada de atención necesaria. "Sirve como recordatorio de que nada está dado, ni siquiera para los campeones del mundo", podría reflexionar, si canalizara las lecciones aprendidas de más de una década en la cima de la gestión internacional. Para los jugadores, la tarea es clara: usar el aguijón de esta derrota sin precedentes para reavivar el hambre que ha definido a esta generación dorada del fútbol francés. El camino hacia el Mundial no exige menos.
Basado en reportajes de L'Equipe.