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El intento de Ancelotti de revivir a Brasil: el factor

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Carlo Ancelotti, el primer entrenador extranjero de Brasil en un Mundial, aprende portugués y amplía su contrato hasta 2030 para poner fin a una sequía de 23

Carlo Ancelotti había pasado décadas trabajando con estrellas brasileñas, pero asumir el cargo de la Seleção significaba enfrentar una barrera que ningún entrenador extranjero había cruzado antes. La decisión del italiano de liderar a Brasil en el Mundial de 2026 rompió un largo tabú, y su respuesta inmediata fue tan simbólica como práctica: insistió en aprender portugués. En una nación donde el orgullo futbolístico es profundo y la autosuficiencia es un dogma, Ancelotti sabía que derribar las barreras culturales sería el primer paso en su ambiciosa misión de poner fin a una sequía de 23 años sin título mundial.

La resistencia nunca fue un secreto. Incluso con una vitrina de trofeos que incluye un récord de cinco títulos de la Champions League, Ancelotti encontró escepticismo por parte de iconos brasileños. El bicampeón mundial Cafú cuestionó públicamente el nombramiento, sugiriendo que un entrenador local hubiera sido preferible. En un evento de entrenadores poco después de su llegada, Ancelotti se sentó a escuchar discursos que criticaban la afluencia de extranjeros, un momento incómodo que llevó a su hijo y asistente, Davide, a salir del recinto. Sin embargo, esas tensiones iniciales se disiparon en gran medida cuando el compromiso genuino del técnico de 66 años se hizo imposible de ignorar.

Parte fundamental de ese compromiso fue su portugués. Ancelotti contrató a un tutor, Roberto Piantino, y se sumergió en cuatro lecciones a la semana, a menudo programando sesiones los sábados e incluso durante el tiempo en familia en Vancouver. "Me sorprendió su dedicación", reveló Piantino más tarde. "Una vez pidió reunirse a las 9 a.m. un sábado. Eso me mostró lo serio que era". El entrenador incluso vetó una lección de gramática sobre verbos imperativos, explicando que nunca se comunica a través de órdenes, una muestra reveladora del estilo de gestión humano que ha conquistado vestuarios en toda Europa.

Ese estilo ya ha dado frutos en una plantilla brasileña repleta de egos estelares. En un partido decisivo de clasificación contra Paraguay, con las emociones a flor de piel al descanso, Ancelotti tranquilamente les dijo a sus jugadores que salía a fumar un cigarrillo y que volvería. Cuando regresó, el vestuario era suyo. "Todos estaban como, OK, este tipo es diferente", recordó el centrocampista del Manchester United, Casemiro. El exmundialista Leonardo, que trabajó junto a Ancelotti en el AC Milan y el PSG, lo describe como un "camaleón" que se adapta a cualquier entorno. "Si alguna vez comprara un equipo, mi entrenador sería Carlo. No hay otra opción", afirmó.

Sin embargo, sobre el césped, el rompecabezas aún está incompleto. El audaz sistema 4-2-4 de Ancelotti está diseñado para liberar a dos de los mejores talentos del mundo: Vinícius Júnior y Raphinha. Sin embargo, su rendimiento en los clubes rara vez se ha trasladado a la Seleção. Los problemas de lesiones han agravado la situación. Neymar es una gran duda para el partido inaugural, mientras que Rodrygo y Estevão Willian ya están descartados, lo que aumenta la presión sobre el eje Vinícius-Raphinha para que finalmente funcione. La reciente goleada 6-2 ante Panamá ofreció un aliento fugaz, con Rayan e Igor Thiago entre los goleadores, pero pruebas más duras esperan.

Los resultados en los primeros 11 partidos de Ancelotti (seis victorias, dos empates, tres derrotas) han sido mixtos, pero una encuesta de Quaest mostró que el 41% de los brasileños aprueba su trabajo, frente al 29% que lo desaprueba. Ese creciente apoyo, junto con su reputación de gestor de grupos, llevó a la CBF a extender su contrato hasta 2030 antes de que se hubiera pateado un balón en el Mundial. Fundamentalmente, Ancelotti retrasó la firma durante semanas, exigiendo que tres de sus colaboradores de confianza también recibieran contratos a largo plazo, un movimiento que subrayó su filosofía de lealtad ante todo.

Lo que está en juego difícilmente podría ser mayor. El último título mundial de Brasil llegó en 2002, y si no levantan el trofeo este verano, supondrá seis ediciones consecutivas sin título para el pentacampeón. Ancelotti, que fue entrenador asistente de Italia cuando Brasil ganó en 1994, ahora carga con las esperanzas de todo un país sobre sus hombros. Su experiencia de ganar en todas las grandes ligas europeas da peso a la creencia de que es el hombre adecuado para cerrar la brecha entre el brillo individual y la gloria colectiva.

Casagrande, el exinternacional convertido en comentarista, resumió el sentir con precisión: "Una de las cosas que Brasil más necesitaba era un entrenador más grande que los jugadores". Ancelotti cumple ese requisito, pero su mayor activo puede ser la calma tranquila, con el cigarrillo en mano, que convierte el caos en claridad. Mientras la Seleção ajusta sus preparativos, el hombre que se negó a hablar español en Río de Janeiro está demostrando que a veces el lenguaje más poderoso es la empatía.

Basado en reportajes de BBC Sport.