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El motín de Francia en el Mundial de 2010: 'Aleluya

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El documental de Netflix 'Watch the Bus' expone la implosión de la selección francesa de 2010, desde la sanción de 18 partidos a Anelka hasta la suspensión de

Trece años después, las cicatrices de Sudáfrica 2010 siguen abiertas para el fútbol francés. Un nuevo documental de Netflix, 'Watch the Bus: A French Football Mutiny', saca a la luz toda la desgracia, con acceso sin precedentes a las figuras clave—el entrenador Raymond Domenech, el capitán Patrice Evra, el defensa William Gallas y otros—que guían a los espectadores a través de la implosión que convirtió a Les Bleus en el hazmerreír mundial. Desde la extraña selección del equipo basada en la astrología hasta una venenosa protesta en el autobús presenciada por periodistas atónitos, la película confirma detalles largamente susurrados y añade otros brutales, pintando el retrato de un equipo en guerra consigo mismo.

La selección francesa que aterrizó en Sudáfrica rebosaba talento: Nicolas Anelka, Franck Ribéry, Yoann Gourcuff (entonces apodado 'el nuevo Zidane'), Thierry Henry y Gallas. Domenech, sin embargo, ya había perdido el vestuario mucho antes del pitido inicial. Tenía una notoria hostilidad hacia los medios, fruto del fracaso en la Eurocopa 2008 y del infame mano de Thierry Henry contra Irlanda que aseguró la clasificación. La decisión del entrenador de cortar todo contacto con la prensa convirtió el campamento en una olla a presión. Dentro de ella, Domenech recurría a la astrología; en sus propias palabras, reducía sistemáticamente el número de Escorpio en la plantilla, convencido de que su energía cósmica era perturbadora. Esa excentricidad podría haber sido inofensiva si los resultados hubieran sido buenos. No lo fueron.

El empate inicial 0-0 con Uruguay ya mostró grietas. Según Evra, Domenech desapareció tras el partido, dejando a los jugadores desconcertados. El primer punto de inflexión llegó antes del segundo partido de grupo contra México, cuando el entrenador informó a Evra que Gourcuff sería suplente. La plantilla estalló. Contra México, el equipo se esforzó; en el descanso, Domenech sustituyó a Anelka—una sustitución que pareció más personal que táctica. Gignac lo reemplazó, pero México marcó dos veces en la segunda parte, dejando a Francia necesitada de un milagro contra la anfitriona Sudáfrica. Sin embargo, la explosión real ocurrió en el vestuario inmediatamente después de esa derrota.

Domenech, hirviente de furia, declaró que Anelka era "un dolor en el culo" y se negó a hablar al equipo durante 15 minutos, recuerda Evra en el documental. La ira del entrenador se centró en una frase que L'Équipe publicó en su portada a la mañana siguiente: "¡Vete a la mierda, hijo de puta!" —supuestamente las palabras de Anelka a su entrenador. Evra jura que Anelka nunca pronunció ese insulto específico, pero el daño estaba hecho. La Federación Francesa de Fútbol, liderada por el presidente Jean-Pierre Escalettes, actuó rápidamente para expulsar a Anelka del torneo, una decisión que prendió la mecha de un motín a gran escala.

Esa expulsión provocó una rueda de prensa extraordinaria, ahora inmortalizada en el documental. Con Escalettes a su lado, el capitán Evra se enfrentó a las cámaras y pronunció una frase que conmocionó a Francia: "El problema de la plantilla no es Anelka. Es el traidor entre nosotros. Tenemos que sacarlo del grupo". La inferencia era clara: alguien dentro del campamento había filtrado el acalorado intercambio a los medios, y Evra consideraba a ese topo responsable de la crisis en espiral. Al día siguiente, los jugadores—actuando colectivamente—informaron a Domenech de que boicotearían el entrenamiento en solidaridad con Anelka. Un comunicado decía: "La selección francesa, sin excepción, declara su oposición a la decisión de la Federación de excluir a Anelka. Por esta razón, han decidido no participar en la sesión de entrenamiento de hoy".

Las imágenes que siguieron se volvieron icónicas por todas las razones equivocadas. La plantilla llegó al campo de entrenamiento en el autobús del equipo, con las cortinas corridas, negándose a bajar. Un desconcertado Domenech tuvo que enfrentarse físicamente a los jugadores en el autobús, mientras los medios de todo el mundo capturaban la surrealista escena. La sesión de entrenamiento fue abandonada y la autoridad de la federación quedó hecha trizas. Un extracto del diario de Domenech, citado en la película, captura su desesperación: "No puedo más. Quiero llorar, quiero desaparecer".

Cuando llegó el último partido de grupo contra Sudáfrica, el vestuario era un circo. Evra, el capitán que había liderado la rebelión, fue despiadadamente excluido del once inicial. Francia perdió 2-1 y salió del torneo de forma humillante, última del Grupo A con un punto y un gol marcado. El análisis posterior fue rápido y severo. Anelka recibió una suspensión internacional de 18 partidos—el castigo más duro jamás impuesto a un jugador francés—, lo que efectivamente puso fin a su carrera en la selección. Evra fue sancionado con cinco partidos y se le dijo que nunca volvería a ser capitán de Francia. Las misteriosas suplencias de Gourcuff durante todo el torneo nunca se explicaron satisfactoriamente, pero el documental sugiere que Domenech simplemente perdió la fe en el mediapunta debido a los datos astrológicos que tanto veneraba.

El documental 'Watch the Bus' hace más que relatar los hechos; obliga a hacer frente a la hora más oscura del fútbol francés. Evra, ahora mayor y reflexivo, reconoce el daño duradero a su legado. Domenech, impenitente en muchos aspectos, sigue culpando a los egos de los jugadores y a la intromisión de los medios. Para el fútbol francés, las consecuencias provocaron una renovación cultural gradual, que culminó con el triunfo en el Mundial de 2018 bajo Didier Deschamps—un equipo construido sobre el espíritu colectivo en lugar del protagonismo de las superestrellas. La película deja claro que el motín de 2010, aunque vergonzoso, sirvió como un ritual de purificación necesario, exorcizando los demonios que habían acechado a la selección durante años.

En última instancia, el documental es una cápsula del tiempo visceral de una catástrofe deportiva que encierra lecciones para cualquier equipo de alto rendimiento. Revela cómo una mezcla tóxica de mal liderazgo, paranoia mediática y relaciones fracturadas entre jugadores puede derribar incluso al colectivo más talentoso. Más de una década después, el fútbol francés ha seguido adelante, pero las heridas nunca han sanado del todo. La película de Netflix se asegura de que no sean olvidadas pronto.

Basado en información de Tuttosport.