El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha vuelto a salir al ruedo para defender la estrategia de precios de la próxima Copa del Mundo, enmarcando el costo de la entrada en el contexto más amplio del altamente competitivo y lucrativo mercado de entretenimiento estadounidense. Sus comentarios llegan mientras fanáticos y críticos analizan las barreras financieras para asistir al torneo de fútbol más prestigioso del mundo.
Durante una reciente conferencia de prensa, Infantino explicó la justificación del organismo rector, enfatizando que los precios de las entradas no se fijan en el vacío. En cambio, reflejan las realidades económicas de un país anfitrión donde el sector del entretenimiento es uno de los más desarrollados a nivel mundial. "Estamos operando en un mercado donde la industria del entretenimiento es la más desarrollada del mundo", declaró Infantino, subrayando la necesidad de que la FIFA alinee sus precios con las tarifas del mercado vigentes.
Un pilar central del argumento de Infantino gira en torno al mercado secundario de entradas, legal y activo en Estados Unidos. Señaló que la reventa de entradas está permitida, creando una dinámica en la que los precios artificialmente bajos fijados por la FIFA serían simplemente explotados por los revendedores. "Si vendiera las entradas a un precio demasiado bajo, se revenderían a un precio mucho más alto", explicó. Esto, según argumentó, terminaría perjudicando a los verdaderos fanáticos mientras beneficiaría a los revendedores, un escenario que la FIFA busca evitar.
El presidente de la FIFA proporcionó datos específicos para respaldar su caso, señalando que una parte significativa de las entradas sigue siendo accesible para un público más amplio. Destacó que entre el 20 y el 25 por ciento de las entradas para los partidos de la fase de grupos están disponibles para su compra a un precio inferior a 300 dólares. Este nivel, sugirió, ofrece una oportunidad genuina para que los aficionados experimenten la Copa del Mundo sin enfrentarse a los precios más altos asociados con las rondas eliminatorias o los asientos premium.
Para contextualizar estos precios para el público estadounidense, Infantino hizo una comparación directa con el panorama deportivo nacional. Afirmó que asistir a un partido importante de fútbol americano universitario en Estados Unidos, y ni hablar de un partido profesional de alto nivel, a menudo requiere un gasto superior a los 300 dólares. "No se puede ver un partido universitario en Estados Unidos, ni siquiera hablo de un partido profesional de alto nivel, por menos de 300 dólares", comentó. "Y esto es la Copa del Mundo".
Esta comparación tiene un propósito estratégico, ya que busca posicionar las entradas de la Copa del Mundo como una oferta competitiva dentro del abarrotado calendario deportivo y de entretenimiento estadounidense. Al compararse con los precios establecidos de la NFL, la NBA o los eventos de la NCAA de primer nivel, la FIFA busca normalizar su propia estructura de precios y argumentar que ofrece un valor comparable, si no superior, para un espectáculo global.
La defensa de Infantino también aborda implícitamente el principio económico de la oferta y la demanda. La Copa del Mundo es un evento único y finito con un interés global inmenso, lo que genera una demanda muy superior a la oferta disponible de asientos. En tal escenario, la fijación de precios basada en el mercado es una herramienta común utilizada por los organizadores de eventos en todo el mundo para gestionar la demanda y maximizar los ingresos, que la FIFA reinvierte en el desarrollo global del deporte.
Las implicaciones de esta estrategia de precios son multifacéticas. Para la FIFA, garantiza flujos de ingresos fundamentales para financiar las operaciones del torneo, los premios en metálico y los proyectos heredados. Para los aficionados, especialmente aquellos que viajan internacionalmente, supone una consideración financiera importante. La existencia de un nivel de precios más bajos, sin embargo, indica un intento de equilibrar los objetivos de ingresos con un cierto nivel de accesibilidad.
En última instancia, las declaraciones de Infantino enmarcan el debate sobre los precios de las entradas no como un problema de exclusión, sino como una adaptación necesaria al entorno comercial del país anfitrión. Al enfatizar la alineación con el mercado, la influencia del mercado de reventa y una propuesta de valor comparativa con los deportes locales, la FIFA presenta sus precios como una decisión empresarial racional en el mercado deportivo más grande del mundo.
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