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Ex-Dúo de la WSL se convierten en bomberos: McManus y

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Las excompañeras del Manchester United y Leicester, Abbie McManus y Jess Sigsworth, cambian el fútbol por el servicio de bomberos tras lesiones, citando

Cuando Abbie McManus y Jess Sigsworth se encontraron con equipo completo de bomberos, trabajando para liberar a un ciervo atrapado en barandillas, el momento les resultó completamente surrealista. Apenas unos años antes, habían compartido vestuario en el Manchester United y el Leicester City, compitiendo al más alto nivel de la Women's Super League. Ahora, la exdefensora de Inglaterra y la exdelantera del Leicester estaban hombro con hombro como bomberas del Servicio de Bomberos y Rescate del Gran Mánchester, un testimonio de los giros inesperados que la vida puede tomar después del deporte de élite. "Las dos nos quedamos allí, fue surrealista", recuerda McManus. "Solíamos estar juntas en el vestuario y ahora solo queríamos que ese ciervo se levantara".

Sus caminos se cruzaron por primera vez en el norte de Inglaterra, donde ambas ascendían en las filas del fútbol femenino. En el Manchester United, forjaron un vínculo que luego resultaría fundamental. Cuando el Leicester City llamó a ambas jugadoras, la decisión de mudarse juntas fue un consuelo. "Dejar el Manchester fue enorme porque Mánchester es mi hogar", dijo McManus. "Tener a Jess allí fue como una manta de seguridad. Vivimos juntas un par de años". Esa solidaridad se convertiría en la base de sus carreras posteriores al fútbol.

La realidad del deporte profesional es que las carreras a menudo terminan en términos de otros. Para McManus, una grave fractura de pierna en 2023 puso fin abruptamente a sus días de juego. A pesar de 18 meses de rehabilitación, un cirujano dio el veredicto demoledor: "Has terminado". La noticia fue una píldora amarga para una atleta que había ganado 18 partidos con Inglaterra y jugado en el Manchester City antes de sus etapas en el United y el Leicester. Para añadir un toque surrealista, la lesión también arruinó una fiesta sorpresa de cumpleaños número 30 que su madre había planeado. "Llamé a mi madre desde la camilla y le dije: 'Me he roto la pierna'. Estaba más furiosa por la fiesta que por mi pierna", se rió McManus, aunque el dolor de la jubilación forzada no era broma.

El viaje de Sigsworth fue igualmente cruel. Producto del sistema juvenil de Inglaterra, ya había superado una lesión de rodilla en 2017. En el Leicester, una segunda lesión devastadora de rodilla, marcada por el sonido inconfundible que reconoció al instante, la convenció de que su tiempo había terminado. "Me cubrí los ojos con el gorro y pensé: 'No voy a recuperarme de esto'. Simplemente no podía pasar por eso mentalmente otra vez", admitió. El costo mental de la rehabilitación, junto con la pérdida de identidad, dejó a ambas mujeres mirando hacia un futuro incierto.

Fue durante esas oscuras semanas en el vestuario del Leicester que surgió un nuevo camino. En una conversación franca, decidieron canalizar su impulso competitivo hacia un ámbito completamente diferente. "Simplemente nos miramos y dijimos: 'Vamos a unirnos al servicio de bomberos'", reveló McManus. "Y ahora estamos aquí sentadas, lo cual es surrealista". La transición no fue solo un cambio de trabajo; fue una elección deliberada para replicar la camaradería y el propósito que habían conocido en el campo.

Las similitudes entre el fútbol de élite y el trabajo de bombero son sorprendentes, y ambas mujeres fueron rápidas en identificarlas. Las rutinas diarias se reflejan mutuamente: llegar a la estación, ordenar el equipo, entrenar como unidad y comer juntas. "Debes pasar tantas pruebas físicas para ingresar al servicio de bomberos", explicó McManus. "Hacemos mucho entrenamiento físico y la unión que tendrías como equipo de fútbol la tienes aquí. Cuando estás en una parte agotadora de un entrenamiento, ahí es cuando entra el trabajo en equipo. Es lo mismo en un trabajo si estás en un incendio muy caliente: tienes que ayudarse mutuamente. Nadie se queda atrás". Sigsworth agregó que la presión de rendir bajo escrutinio, ya sea frente a miles de aficionados o en una emergencia de vida o muerte, les resultaba familiar. "Disfrutamos la presión. En el fútbol, juegas frente a multitudes, constantemente queriendo demostrar algo. Esa mentalidad nunca te abandona".

Incluso el proceso de informe posterior al trabajo se asemeja al análisis postpartido del fútbol. "Si perdíamos un partido de fútbol, lo analizábamos después. Es lo mismo aquí después de trabajos difíciles. Es como una gran familia", dijo McManus. La transición de besar el escudo del club a representar el emblema del servicio de bomberos ha sido perfecta. "Me hace reír porque Jess solía marcar y besar el escudo; nunca he tenido un trabajo en el que no representes un escudo", señaló McManus. "Hemos cambiado un escudo de fútbol por el escudo del servicio de bomberos".

Por supuesto, ciertos rituales de los días de partido son insustituibles. Sigsworth aún añora los momentos eléctricos antes del inicio: "Ese momento antes de salir. La música suena a todo volumen en el vestuario, todos gritan. Creo que eso se extraña para siempre". La adrenalina de marcar un gol frente a aficionados rugientes es una sensación que pocas experiencias pueden igualar, sin embargo, ambas han encontrado una nueva forma de realización sirviendo a su comunidad.

Su espíritu competitivo encontró una salida reciente cuando desempolvaron sus botas para un torneo de fútbol 7 de servicios de emergencia en Salou, España, representando al Servicio de Bomberos y Rescate del Gran Mánchester. El equipo resultó victorioso, aunque la breve incursión de Sigsworth como portera suplente proporcionó muchas risas. "No mencionaremos que le metieron un gol a Jess", bromeó McManus. "¡Soy delantera centro!", protestó Sigsworth. "Me pusieron en la portería. Una chica simplemente la envió desde el saque inicial y yo estaba soñando despierta".

Más allá de sus historias personales, McManus y Sigsworth han sido testigos de un cambio sísmico en el fútbol femenino. Cuando McManus se unió por primera vez al Manchester City, pagaba £380 en cuotas solo para jugar al deporte que amaba, un claro recordatorio de lo lejos que ha llegado el deporte. Hoy, las niñas pequeñas usan camisetas de Ella Toone y sueñan con carreras profesionales en la WSL. "Eso es lo mejor del mundo porque las niñas finalmente pueden ver un camino", dijo McManus. Sigsworth se hizo eco de ese sentimiento, enfatizando cómo carecían de modelos visibles en su juventud. "Cuando éramos más jóvenes, realmente no teníamos futbolistas mujeres profesionales a las que admirar. Ahora las niñas pequeñas pueden aspirar genuinamente a esa vida".

La lección más importante que llevan consigo es que la identidad atlética no tiene por qué ser la única identidad. La jubilación del deporte puede sentirse como una muerte, pero también puede ser un renacimiento. "Nos consumió tanto que pensamos que es lo único que amaremos. Pero amo mi trabajo ahora. Amo tener una identidad de nuevo", explicó Sigsworth. Para McManus, el mensaje es claro: "Si te retiras del fútbol, sí, lo extrañarás. Pero absolutamente puedes encontrar algo más de lo que enamorarte otra vez".

Su historia no es solo una de reinvención; es un poderoso recordatorio de que las habilidades forjadas en la competición de élite (resiliencia, trabajo en equipo y gracia bajo presión) son transferibles a escenarios lejos del campo. Mientras corren a emergencias por todo el Gran Mánchester, Abbie McManus y Jess Sigsworth continúan liderando con el ejemplo, demostrando que la vida después del fútbol puede ser tan significativa como los días de gloria en el terreno de juego.

Basado en un reportaje de BBC Sport.