En un emocionante choque de semifinales el martes 10 de julio de 2018 en el Estadio de San Petersburgo, Francia superó a Bélgica 1-0 para avanzar a la final de la Copa Mundial. El partido, presenciado por 64,286 aficionados y arbitrado por el uruguayo Andrés Cunha, mostró una batalla táctica donde la resistencia de Francia y su definición clínica superaron el dominio de la posesión belga. Esta victoria marcó la segunda final consecutiva de un gran torneo para Francia, después de su carrera en la Eurocopa 2016, y preparó un enfrentamiento con Croacia por el premio máximo.
El primer tiempo se desarrolló como un duelo muy reñido, con Bélgica disfrutando de una mayor posesión del balón pero sin poder convertir sus oportunidades. El defensor francés Raphaël Varane hizo una intervención crucial en el minuto 19, despejando un cabezazo de Eden Hazard que se dirigía al arco. El portero Hugo Lloris demostró su destreza al detener un disparo de Toby Alderweireld en el minuto 22, mientras que Benjamin Pavard fue detenido por el guardameta belga Thibaut Courtois en el minuto 39. El tiempo concluyó sin goles, reflejando la solidez defensiva de ambos lados y lo mucho que estaba en juego.
Tras el descanso, Bélgica continuó presionando, con Romelu Lukaku fallando una oportunidad de oro tras una asistencia de Axel Witsel al inicio del segundo tiempo. Francia respondió con un intento bloqueado de Olivier Giroud en el minuto 51, pero la ruptura llegó momentos después. Antoine Griezmann envió un córner preciso, y Samuel Umtiti se elevó para cabecear el balón al fondo de la red, dando a Francia una ventaja de 1-0. Este gol subrayó la efectividad de Francia en jugadas a balón parado, un arma clave en su arsenal durante todo el torneo.
Bélgica buscó el empate, haciendo sustituciones estratégicas para inyectar energía. Mousa Dembélé fue reemplazado por Dries Mertens en el minuto 60, y Marouane Fellaini dejó su lugar a Yannick Carrasco en el minuto 80. El partido se volvió más intenso, con Eden Hazard recibiendo una tarjeta amarilla por una falta en el minuto 63, seguido de la amonestación a Toby Alderweireld en el minuto 71. Kevin De Bruyne falló una clara oportunidad de igualar el marcador en el minuto 76 tras una asistencia de Hazard, y el disparo de Paul Pogba se fue desviado en el minuto 79, destacando la frustración belga frente al arco.
En los momentos finales, la defensa de Francia se mantuvo firme bajo presión. Hugo Lloris realizó otra parada vital, deteniendo un disparo a puerta de Axel Witsel en el minuto 81. Sin embargo, Francia sufrió un contratiempo cuando Blaise Matuidi se lesionó y fue reemplazado por Corentin Tolisso en el minuto 86. Los últimos minutos vieron amonestaciones adicionales para N’Golo Kanté, Kylian Mbappé y Jan Vertonghen, pero Francia gestionó el partido de manera efectiva para asegurar la victoria.
Tácticamente, el partido ilustró el enfoque disciplinado de Francia frente al talento ofensivo de Bélgica. A pesar de la ventaja en posesión de Bélgica, la defensa compacta y las transiciones rápidas de Francia resultaron decisivas. El uso de sustituciones por ambos entrenadores reflejó sus intentos de alterar el impulso del partido, con los cambios de Francia ayudando a proteger su estrecha ventaja.
Después del partido, el entrenador belga Roberto Martínez reconoció el estrecho margen, declarando: “Fue un partido cerrado y muy ajustado, y se iba a decidir por esa pequeña suerte frente al arco. La actitud de los jugadores fue brillante y no podíamos pedir más. Tenemos que entender que un equipo gana y el otro pierde, e hicimos lo que pudimos.” Sus palabras capturaron la esencia de un partido donde los márgenes finos determinaron el resultado.
El entrenador francés Didier Deschamps se centró en el panorama general, diciendo: “El partido más importante es el domingo, nos hemos dado un gran privilegio al llegar a la final de la Copa Mundial. Estuve allí hace dos años [final de la Eurocopa 2016] y fue tan doloroso que ahora queremos saborear la victoria. No es nada ganar la semifinal después de perder la final hace dos años, tenemos este privilegio de dar felicidad a esta gente, pero intentaremos dar aún más felicidad el domingo.” Los comentarios de Deschamps destacaron el hambre de Francia de vengar su derrota en la final de la Eurocopa 2016 ante Portugal.
Históricamente, este resultado continuó la impresionante racha de Francia en torneos importantes. Habían llegado a la final de la Eurocopa 2016, pero cayeron ante Portugal en tiempo extra. En la historia de la Copa Mundial, Francia había participado en dos finales anteriores: ganando el torneo de 1998 en casa y perdiendo la final de 2006 ante Italia. Esta victoria en semifinales reforzó su estatus como potencia futbolística y preparó el escenario para una oportunidad de añadir una segunda estrella mundialista.
Las implicaciones para la final fueron significativas. El avance de Francia significaba que se enfrentarían a Croacia, que había derrotado a Inglaterra en la otra semifinal. Para Francia, era una oportunidad de redimir sus recientes desilusiones en finales y consolidar un legado. Para Bélgica, la pérdida terminó la búsqueda de su generación dorada de una primera final mundialista, dejándolos para reflexionar sobre lo que pudo haber sido en un partido decidido por un solo momento de brillantez.
En resumen, la victoria de Francia por 1-0 sobre Bélgica fue un testimonio de su organización defensiva y su capacidad clínica, con el cabezazo de Samuel Umtiti resultando decisivo. El partido encapsuló el drama y la tensión del fútbol de eliminación directa en la Copa Mundial, donde un solo gol puede alterar destinos. Mientras Francia se prepara para la final, llevan las esperanzas de una nación ansiosa por celebrar otro triunfo en el escenario global.
Basado en informes del feed RSS de Wikinews en inglés.