Francia lanzó oficialmente sus preparativos para el Mundial de 2025 el viernes, cuando 18 de los 26 jugadores seleccionados se presentaron en la base de Clairefontaine de la selección nacional. El grupo, desprovisto de varias figuras clave debido a compromisos con sus clubes, realizará su primer entrenamiento a las 5 p.m. hora local. Las llegadas escalonadas subrayan el cronograma comprimido que enfrenta Didier Deschamps, con solo 12 días en suelo nacional antes de partir hacia el campamento base del torneo en Boston. El debut mundialista contra Senegal se avecina el 16 de junio en Nueva York, dejando poco margen para la integración.
Las ausencias están encabezadas por el quinteto del Paris Saint-Germain —Lucas Hernandez, Warren Zaïre-Emery, Désiré Doué, Bradley Barcola y Ousmane Dembélé— junto con el central del Arsenal William Saliba. Los seis se están preparando para la final de la Liga de Campeones en Budapest el sábado, un evento que enfrenta al PSG contra un oponente aún por determinar. Ese conflicto significa que no se unirán al equipo hasta el martes por la mañana, apenas unas horas antes de un almuerzo programado con el presidente francés Emmanuel Macron. El momento dista mucho de ser ideal: solo tendrán dos días completos con el grupo antes del primer amistoso.
Complicando aún más la planificación de Deschamps, el dúo del Crystal Palace, Maxence Lacroix y Jean-Philippe Mateta, también reciben un breve respiro. Celebraron un triunfo en la Conference League el miércoles, con Mateta anotando el gol de la victoria en un 1-0 sobre el Rayo Vallecano en Leipzig. Se espera que la pareja se una a Les Bleus el sábado, lo que significa que la plantilla completa de 26 hombres no estará unida hasta la próxima semana. La demora en la reunión plantea preguntas legítimas sobre la cohesión del equipo y la familiaridad táctica, especialmente para un equipo que jugó junto por última vez durante el parón internacional de marzo.
El programa de preparación es exigente. El primer partido de calentamiento de Francia está programado para el jueves en Nantes contra Costa de Marfil, con inicio a las 21:10. Dada la llegada tardía de los finalistas de la Liga de Campeones, Deschamps ha indicado que es probable que descansen, poniendo el foco en los jugadores secundarios y aquellos que buscan consolidar su lugar. La prueba marfileña servirá como una valiosa herramienta de evaluación, pero la ausencia de tantos habituales significa que ofrecerá una visión limitada de cómo podría formarse el once titular para el torneo propiamente dicho.
El segundo y último amistoso, un encuentro con Irlanda del Norte en el Stade Pierre-Mauroy de Lille el 8 de junio (nuevamente a las 21:10), está programado como el ensayo general con la plantilla completa. Para entonces, los 26 jugadores deberían estar disponibles, dándole a Deschamps unos cruciales 90 minutos para ajustar su sistema. El partido contra Irlanda del Norte representa la última oportunidad para experimentar antes de que la expedición vuele a Estados Unidos el 10 de junio. Desde allí, Les Bleus establecerán su cuartel general del torneo en Boston, donde completarán los preparativos finales y se aclimatarán al huso horario.
El debut mundialista contra Senegal en el MetLife Stadium de Nueva York el 16 de junio tiene un inmenso peso simbólico y práctico. Un comienzo positivo no es negociable en un grupo que también puede incluir a otros oponentes formidables, y el corto período desde la unificación del equipo hasta el inicio aumenta la presión. Francia superó desafíos similares en su camino hacia el triunfo en el Mundial de 2018, pero el contexto actual —una larga y agotadora temporada de clubes para la mayoría de los jugadores— añade una capa de gestión física que Didier Deschamps y su cuerpo técnico deben dominar.
De hecho, la regeneración es la palabra clave de esta concentración. El cuerpo técnico es muy consciente de que muchos miembros del equipo han jugado más de 50 partidos esta temporada, y para varios, la carga de trabajo se vio agravada por el Mundial de Clubes del verano pasado. La prioridad durante estos 12 días en Francia será restaurar los niveles de energía, tratar pequeñas molestias y aumentar gradualmente la intensidad sin sobrecargar. La ciencia del deporte será tan crucial como los ejercicios tácticos, con programas individuales adaptados a los perfiles de fatiga específicos de los jugadores.
Las llegadas escalonadas también presentan un obstáculo psicológico. Mientras que los que llegan tarde llegan con trofeos potencialmente en mano y una forma agudizada por partidos de alto riesgo, los madrugadores tienen la ventaja de tiempo para cohesionarse y desarrollar entendimiento. Deschamps debe integrar a los dos grupos sin problemas, asegurándose de que no se formen subgrupos y que la mentalidad colectiva se mantenga unificada. Experiencias pasadas —como el Mundial de 2022, donde la ausencia tardía de Karim Benzema trastocó los planes— subrayan la fragilidad de las preparaciones para el torneo.
Más allá del campo, el almuerzo con Macron el martes es más que un gesto ceremonial. Tiene un significado político y simbólico, reforzando el vínculo entre la selección nacional y la república francesa, especialmente en vísperas de un evento global. También servirá como un momento motivacional, con los jugadores recibiendo el respaldo del presidente antes de su campaña. Sin embargo, comprime aún más el ya apretado calendario, restando tiempo valioso de entrenamiento.
De cara al futuro, el amistoso contra Costa de Marfil será particularmente instructivo para la configuración defensiva, dada la ausencia de Saliba y el probable descanso de Lucas Hernandez. Talentos más jóvenes como Castello Lukeba o Jean-Clair Todibo pueden tener la oportunidad de reclamar su lugar. En ataque, la carga creativa puede recaer en jugadores como Michael Olise o Randal Kolo Muani, con las estrellas del PSG no disponibles. Las actuaciones en estos partidos podrían influir en las decisiones finales del once inicial para el choque contra Senegal.
Deschamps y su cuerpo técnico no son ajenos a este tipo de malabarismos logísticos. El triunfo en el Mundial de 2018 se basó en superar una preparación fragmentada similar, y la consistencia posterior del equipo sugiere una resiliencia institucional. Sin embargo, el fútbol está en constante evolución, y los márgenes al más alto nivel son más estrechos que nunca. Las próximas dos semanas pondrán a prueba si Francia puede convertir una vez más la disrupción en ventaja, aprovechando la frescura de los que llegaron temprano y la agudeza de los que llegaron tarde en partidos importantes.
A medida que las puertas de Clairefontaine se abrieron el viernes, el viaje hacia una potencial tercera estrella mundialista comenzó en serio. Con solo 18 jugadores dando sus primeros pasos, el camino por delante está repleto de momentos cruciales, desde el almuerzo presidencial hasta el amistoso de despedida en Lille. La fluidez con la que Les Bleus naveguen por esta hoja de ruta comprimida y complicada probablemente definirá su trayectoria temprana en el torneo. Basado en informes de L'Equipe.