Se esperaba que la preparación para la final de la Challenge Cup entre Hull KR y Wigan Warriors fuera un ensayo tenso, pero el desequilibrio del jueves en la Super League en Craven Park ofreció poco más que un ejercicio de entrenamiento para los Robins, que desmantelaron a un Wigan diezmado por 62-4. Con ambos equipos listos para enfrentarse en Wembley el 30 de mayo, los entrenadores adoptaron filosofías diametralmente opuestas: Matt Peet le dio descanso a casi todas sus estrellas titulares, otorgando 10 debuts, mientras que Willie Peters alineó un equipo casi completo, con solo tres cambios —uno forzado por la lesión pectoral de Arthur Mourgue—. El resultado fue un abismo en calidad y físico desde el pitido inicial.
Mikey Lewis necesitó solo seis minutos para poner a Hull KR en una ventaja insalvable. Su primer ensayo lo vio esquivar a una multitud de defensores, y tres minutos después respaldó una ruptura de Tom Davies para duplicar la ventaja. Para el minuto 12, el propio Davies había cruzado, y Lewis completó un triplete en 18 minutos con vergonzosa facilidad, poniendo a los locales 22-0 arriba. Los jóvenes de Wigan, muchos aún adolescentes, parecían aturdidos mientras los Robins explotaban despiadadamente cada hueco.
Aunque los visitantes se asentaron brevemente y lograron contener la sangría durante un lapso de 11 minutos, la clase de Hull KR volvió a mostrarse justo antes del descanso. Jez Litten se lanzó desde el dummy-half, Jai Whitbread pasó por encima de tackleadores cansados, y Rhyse Martin entró caminando: tres ensayos en los últimos 11 minutos del primer tiempo inflaron el marcador a 42-0. El desequilibrio era evidente: la defensa de Wigan apenas rozó a los oponentes que probablemente alinearán en Wembley.
Para la afición viajera de los Warriors, la noche ofreció un momento de pura alegría. El debutante Nathan Lowe, aprovechando un raro error de Hull KR, interceptó un pase perezoso y corrió 60 metros para abrir el marcador en la segunda mitad. Resultó ser el más leve de los consuelos. El servicio normal se reanudó cuando Dean Hadley entró desde corta distancia, seguido de Noah Booth lanzándose tras un pase de Jack Broadbent, y el propio Broadbent atrapando un ensayo tras un intercambio hábil con Lewis.
Las únicas manchas en una noche dominante para los Robins fueron dos sustos por lesión. El problema pectoral de Mourgue, sufrido en la preparación, ya le había robado al francés la oportunidad de presionar por un lugar en la final. Más preocupante fue que Dean Hadley abandonó el campo al final, agarrándose el isquiotibial y dirigiéndose directamente al túnel. Su estado físico será una gran pregunta para Peters mientras ultima su plantel para Wembley: el delantero ha sido fundamental en el resurgir de Hull KR esta temporada.
Desde un punto de vista táctico, la goleada no reveló nada sobre cómo podría desarrollarse la final de la Copa. La decisión de Peet de alinear un equipo irreconocible, aunque comprensible con Wembley en mente, convirtió la ocasión en una gloriosa práctica de academia. Solo tres jugadores que participaron contra Leeds Rhinos la semana anterior tomaron el campo, y la actuación inconexa fue tanto un testimonio de la despiadada eficacia de Hull KR como de la falta de cohesión de Wigan.
Peters estará satisfecho con el filo clínico que mostraron sus hombres, pero también advertirá contra la complacencia. La cosecha de 62 puntos, aunque halagüeña, llegó contra una oposición que simplemente no pudo lidiar con la velocidad y potencia de la élite de la Super League. El triplete de Lewis en un cuarto de hora subrayó su estatus como uno de los talentos más electrizantes de la competición, y el elenco de apoyo de Davies, Litten y Broadbent demostró su valía.
Para Wigan, la noche fue una dura lección para un grupo de jugadores que podrían convertirse en pilares en los próximos años. El ensayo de Lowe fue un punto brillante, y el hecho de que los jóvenes Warriors siguieran intentando hasta el pitido final ganará respeto, pero la brecha entre ellos y un equipo que ganó la Gran Final del año pasado sigue siendo enorme. La apuesta de Peet priorizó la frescura para Wembley; el riesgo es que sus titulares carezcan de ritmo de partido tras perderse un encuentro tan unilateral.
Mientras los equipos se reagrupan, la ventaja psicológica está del lado de Hull KR. Destrozaron a los Warriors en este encuentro de temporada regular, al igual que lo hicieron en el duelo decisivo de Old Trafford el año pasado. Sin embargo, ambos bandos saben que cuando comience la final de la Challenge Cup, las alineaciones no se parecerán en nada a este encuentro. Las estrellas que regresan a Wigan —desde Bevan French hasta Harry Smith— transformarán al equipo en una unidad formidable, capaz de darle la vuelta a la situación.
La final de la Challenge Cup promete un espectáculo completamente diferente, un duelo entre dos contendientes genuinos donde todo estará en juego. Por ahora, Hull KR puede disfrutar de una victoria que iguala el récord, pero la sombra del isquiotibial de Hadley y el recuerdo de la ausencia de Mourgue atenuarán cualquier exceso de confianza. Wigan, magullado pero más sabio, depositará sus esperanzas en una plantilla titular completamente cargada.
En última instancia, este fue un partido que satisfizo a los estadísticos y entretuvo a la afición local, pero no respondió a ninguna de las preguntas apremiantes sobre el 30 de mayo. Los Robins vuelan, Lewis está en racha y su confianza está por las nubes; los Warriors, por su parte, esperarán que el dolor de esta derrota encienda un fuego en Wembley. Una cosa es segura: la final de la Copa no puede llegar lo suficientemente pronto para cualquiera que haya presenciado este desequilibrio.
Basado en reportajes de Sky Sports.