La espera de 27 años del RC Lens por un trofeo importante terminó de manera espectacular al conquistar la Copa de Francia con una victoria 3-1 sobre el Niza en el Stade de France el sábado por la noche. El triunfo desató una celebración nocturna que se extendió hasta el amanecer, cuando el equipo regresó a una bienvenida ensordecedora en el Stade Bollaert de más de 15,000 aficionados delirantes. Para un club lleno de pasión y tradición, las escenas que se desarrollaron representaron mucho más que un trofeo: fueron la liberación de casi tres décadas de anhelo.
Antes de este fin de semana, el Lens levantó por última vez la Copa de Francia en 1998, hace una generación. Su único trofeo posterior, la Copa de la Liga en 1999, parecía un recuerdo lejano. Esta victoria no solo asegura un preciado doblete doméstico, combinando la copa con un lugar en la Europa League para la próxima temporada, sino que también consolida la era Pierre Sage como un éxito de cuento de hadas. Nombrado en noviembre después de un verano de agitación, Sage moldeó un equipo resiliente y unido que alcanzó su punto máximo en el momento perfecto. Su astucia táctica y su capacidad para galvanizar al equipo nunca fueron más evidentes que en la final, donde el Lens superó a un Niza que había sido uno de los más consistentes de la Ligue 1.
La final en sí fue una muestra de voluntad colectiva. Florian Thauvin, el campeón mundial de 2018 cuya carrera había enfrentado desvíos, emergió como el héroe. Su actuación encarnó el arco de redención que el Lens ha escrito toda la temporada: clínico, creativo y cargado emocionalmente. A su lado, los baluartes defensivos Jonathan Gradit y Florian Sotoca, ambos iconos del Sang et Or, ofrecieron el tipo de exhibición aguerrida y apasionada que ha definido sus mandatos. Cuando sonó el silbato final en Saint-Denis, la fiesta ya llevaba horas en las calles de Lens.
En el Stade Bollaert, pantallas gigantes permitieron a decenas de miles vivir cada minuto. A medida que la noche avanzaba, más de 8,000 permanecieron, sus números aumentando con cada autobús de regreso de la capital. A las 3 a.m., el estadio vibraba con energía nerviosa, centrada en los últimos kilómetros del viaje de los jugadores, rastreados a través de una transmisión en vivo desde el autobús del equipo. Cuando el vehículo finalmente apareció a la vista, el rugido se escuchó en toda la región de Artois. A las 4:09 a.m., el presidente Joseph Oughourlian emergió en el campo, la Copa de Francia en alto. Estaba flanqueado por el director general Benjamin Parrot, el director deportivo Jean-Louis Leca (el ex portero convertido en ejecutivo) y Sage, cuyo nombre resonó en cánticos repetidos.
Lo que siguió fue un caos alegre. Florian Sotoca, aturdido por la emoción, tropezó inmediatamente con un reflector pero estalló en risas, convirtiéndose pronto en un cabecilla junto a Gradit. El dúo, que había actuado como bartenders en el viaje en autobús a casa (la hidratación era primordial, bromeó el jefe de rendimiento Guillaume Ravé), orquestó las celebraciones con abrazos de oso y duchas de champán. El portero Régis Gurtner, a pesar de usar gafas de sol para ocultar los efectos de una larga noche, fue víctima de un corte de pelo improvisado, un destino casi compartido por el conductor Gilles, quien evitó por poco las tijeras.
Thauvin, a menudo discreto, subió al palco de los aficionados, generalmente el dominio del capo, y se quedó largos minutos, liderando cánticos y llorando mientras la magnitud del momento lo envolvía. Se le unieron su "hermano" de los días de la academia de Grenoble, Ruben Aguilar, junto con Sotoca y Adrien Thomasson. Sage, también escalando el mismo punto de vista, desafió su naturaleza reservada para conectar directamente con el mar de rojo y dorado. Abajo, Jean-Louis Leca vagaba sin palabras, abrazado por todos, mientras que Sotoca se encontró con sus pantalones cortos bajados momentáneamente en un momento de pura camaradería de vestuario.
En medio de la juerga, el trofeo mismo se convirtió en participante activo. El capitán del club, Matthieu Udol, logró abrirse el pómulo con él, un incidente que provocó miradas de sorpresa pero fue rápidamente descartado como menor. El imponente Malang Sarr, cuyo contrato expira este verano, hizo un largo recorrido de despedida por el campo. Aunque no se ha tomado ninguna decisión sobre su futuro, las emociones del defensa sugirieron la posibilidad de una despedida final. Incluso el reservado Odsonne Edouard necesitó un suave estímulo para levantar la copa, un símbolo de cómo cada miembro de este plantel fue arrastrado al círculo íntimo.
Para el Lens, esta noche fue más que una celebración: fue una declaración. Habiendo perdido al entrenador Franck Haise y a jugadores clave el verano pasado, muchos predijeron una temporada de regresión. En cambio, Sage construyó un equipo que se definió por la unidad y la garra, culminando en un trofeo que restaura el lugar del club en la mesa principal del fútbol francés. La aventura de la Europa League que espera traerá nuevos desafíos, pero en esta noche, el único horario que importaba era el que llevaba a un amanecer sobre Bollaert.
A las 5 a.m., cuando la primera luz se asomó sobre las gradas, jugadores y aficionados por igual se fueron a regañadientes, solo para reunirse horas después para un desfile por la ciudad en un autobús de dos pisos especialmente preparado. La región de Artois dormirá poco en los próximos días, pero soñará con un equipo que rascó una comezón de 27 veranos. Basado en informes de L'Equipe.