En una profesión a menudo definida por su naturaleza despiadada, Tony Pulis siempre ha defendido la importancia de la hospitalidad y la humanidad. Su tradición de larga data de invitar a los entrenadores rivales y su personal a su habitación para comer y beber vino después de los partidos no solo ha tendido puentes en el fútbol, sino que también ha dado lugar a un gesto personal notable de una de sus mentes más grandes: Pep Guardiola. Ahora, mientras circulan rumores de que esta podría ser la última temporada de Guardiola en el fútbol inglés, Pulis reflexiona sobre la calidez y humildad de un hombre que ha transformado el deporte.
Durante tres décadas, Pulis mantuvo un ritual que salvó la brecha histórica del fútbol británico entre los banquillos. Ya sea en casa o fuera, su puerta estaba abierta. En el Stoke City, y más tarde en el West Bromwich Albion, una mesa completa y buen vino esperaban al cuerpo técnico visitante, ganaran o perdieran. Era una costumbre arraigada en las categorías inferiores, que alguna vez fue solo una cerveza y sándwiches sobrantes, pero elevada por Pulis a una muestra de respeto. Si bien la práctica parecía natural entre los entrenadores británicos, pronto descubrió que era un concepto extraño para muchos del continente. Sin embargo, todos los entrenadores extranjeros la aceptaron.
Con los años, la mesa se convirtió en un punto de encuentro para leyendas. Sir Alex Ferguson convocaba a Pulis a su propio rincón en Old Trafford, mientras que un joven José Mourinho daba veredictos postpartido directos y sin rodeos con encanto. Carlo Ancelotti irradiaba frescura sin esfuerzo, y Ronald Koeman correspondía con anguilas en Goodison Park. El Chelsea de Antonio Conte, famosamente, ganó el título en The Hawthorns en 2017 y celebró en el suite de hospitalidad de Pulis hasta altas horas de la madrugada, agotando el suministro de vino del club. Estos encuentros revelaron a los personajes decentes y trabajadores detrás de la furia en la línea de banda.
Sin embargo, fue Guardiola quien dejó la impresión más duradera. Su primer encuentro en la temporada 2016-17 vio al Manchester City vencer al West Brom, y como era costumbre, Pulis insistió en que el catalán se uniera a su personal para una copa y una comida. A pesar de que el idioma de la Premier League era nuevo para él, Guardiola fue inmediatamente cautivador. Habló humildemente sobre su etapa en el Barcelona, desviando el mérito a tener seis jugadores de clase mundial y un genio en Lionel Messi que podía cambiar partidos en segundos. No eludió ni una sola pregunta, cautivando incluso a los encargados de catering del estadio con su calidez.
Más tarde esa temporada, durante un partido nocturno en el Etihad, Guardiola buscó activamente a Pulis. La conversación volvió a girar en torno al Barcelona, y cuando Pulis admitió que nunca lo había visitado, Guardiola inmediatamente pidió una dirección de correo electrónico para enviarle invitaciones y consejos. Reacio a la tecnología, Pulis dio en su lugar el contacto de su esposa Debbie. El fin de semana siguiente, llegó un correo electrónico de Guardiola con una guía meticulosamente elaborada de la ciudad: una lista personal de cosas que hacer que él mismo había escrito, con una oferta para reunirse si sus viajes coincidían.
El gesto, pequeño en apariencia, decía mucho. Guardiola, en la cima de su poder y en medio de una implacable campaña de la Premier League, se tomó el tiempo para elaborar una guía de viaje para un entrenador rival que apenas conocía. Ejemplificaba lo que Pulis siempre ha argumentado: que el fútbol es una familia. El viaje nunca se realizó (Pulis admite que es malo aceptando regalos), pero el recuerdo perdura como prueba del hombre detrás del genio.
La autoconciencia de Guardiola también brilló con humor. Después de que el City venciera al West Brom en mayo de 2017, llegó tarde a su rueda de prensa y pronunció la ya icónica frase: "Disculpen el retraso, pero Tony Pulis es Tony Pulis y el vino tinto es vino tinto". Fue un guiño al ritual postpartido, un momento que humanizó a una figura a menudo vista como un perfeccionista obsesivo. Para Pulis, capturó exactamente por qué los entrenadores deben apreciar estos momentos privados lejos de las cámaras.
Si Guardiola abandona el Etihad este verano, la Premier League perderá más que un revolucionario táctico. Perderá a una figura que, a pesar de su intensidad, nunca perdió de vista el espíritu comunitario del juego. Las experiencias de Pulis pintan la imagen de un líder generoso con su tiempo, humilde en sus logros y genuinamente curioso sobre las personas que lo rodean. Que el mismo hombre una vez guió a un equipo del Barcelona con Messi hacia una gloria incalculable solo profundiza el respeto.
En una era donde la confraternización postpartido está desapareciendo, las historias de Pulis son un recordatorio de los lazos que sostienen el deporte. Ya sea Ferguson ignorando el horario del autobús de su equipo o Conte riendo hasta la noche, estos momentos construyeron un tejido de respeto mutuo que trascendió el marcador. La guía escrita a mano de Guardiola de Barcelona sigue siendo un símbolo de ese espíritu: un acto silencioso de bondad de un obsesionado del fútbol a otro. El fútbol inglés será más pobre sin él, no solo por el fútbol, sino por el carácter.
Basado en reportajes de BBC Sport.