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La ucraniana Oliynykova: qué significa su condena 'malvada'

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Oleksandra Oliynykova calificó la guerra en Ucrania de 'malvada' tras su derrota en Roland Garros, instando al tenis a tomar partido y acusando a la WTA de

Oleksandra Oliynykova pronunció un poderoso alegato contra la guerra en Ucrania tras su eliminación en tercera ronda de Roland Garros, utilizando la plataforma global de un Grand Slam para condenar lo que denominó un conflicto "malvado". La ucraniana cayó 7-5, 6-1 ante la rusa Diana Shnaider, pero se negó a dejar que la derrota eclipsara su mensaje, leyendo una declaración preparada antes de responder a las preguntas de los periodistas. Sus palabras, cargadas de emoción y urgencia, instaban al mundo del tenis a abandonar la neutralidad. "Cuando se mata a personas, cuando mueren niños, cuando la violencia se justifica o celebra, no podemos fingir que no pasa nada", declaró Oliynykova. Planteó su postura no como política sino como una cuestión de humanidad, evocando el legado de Billie Jean King para recordar al deporte sus valores fundacionales.

La tensión se había ido acumulando durante días. Antes del partido, Oliynykova había criticado duramente la participación de Shnaider en un torneo de exhibición en San Petersburgo, financiado por la empresa rusa estatal Gazprom. Lo comparó con "jugar en la Alemania nazi para oficiales de la Gestapo", una comparación que atrajo inmediatamente la atención y aumentó la seguridad en su encuentro de la pista 7. La declaración de Oliynykova desglosaba la responsabilidad moral de los atletas. Descartó la idea de que la riqueza y la fama definan a un modelo a seguir, insistiendo en que "un verdadero modelo a seguir tiene el valor de oponerse al mal". El mensaje resonó más allá del tenis, desafiando la diplomacia silenciosa que a menudo prefieren las organizaciones deportivas en tiempos de crisis geopolítica.

Shnaider, por su parte, dijo desconocer los comentarios previos al partido. La rusa de 20 años dijo no estar al tanto de la controversia y defendió su decisión de jugar en su país, citando la rara oportunidad de actuar frente a su familia y amigos. "No sé nada de lo que dijo. No me interesó en absoluto", declaró Shnaider, subrayando la brecha entre los dos bandos. Oliynykova, sin embargo, se mostró inflexible. Acusó a Shnaider de interactuar con la propaganda rusa en las redes sociales y argumentó que el silencio de los jugadores rusos equivale a complicidad. "Si ella diera su opinión, sería un escándalo muy grande, pero le muestro la prueba", dijo Oliynykova, alegando además que la WTA ha intentado amordazarla.

Lo que está en juego personalmente para Oliynykova es devastadoramente concreto. Con su padre y su novio sirviendo en el ejército ucraniano, la guerra no es una abstracción. Señaló el sorprendente contraste entre la fuerte seguridad en Roland Garros y los ataques con drones a los que se enfrenta en casa. "Cuando vuelva a casa, seré atacada con drones y cohetes", dijo, con la voz cargada de quien tiene su futuro directamente amenazado. Su compatriota ucraniana Marta Kostyuk, que antes se había derrumbado en lágrimas tras un ataque con drones cerca de su casa familiar, admitió que había agotado su capacidad emocional para seguir planteando el tema. Pero Oliynykova no se permite ese lujo. "¿Cómo puedo cansarme? Esta guerra define mi vida", explicó, dejando claro que para ella el tenis y el activismo son inseparables.

La WTA respondió con cautela, reconociendo la sensibilidad de la situación. "Todos los atletas de la WTA tienen derecho a expresarse", dijo el circuito en un comunicado, al tiempo que enfatizaba su compromiso con un "entorno profesional y respetuoso para todos los atletas, independientemente de su nacionalidad". El acto de equilibrio no logró satisfacer a Oliynykova, que acusó a la organización de hipocresía. El episodio expone las profundas fisuras dentro del tenis profesional mientras el deporte lidia con la invasión rusa de Ucrania. Si bien la prohibición de Wimbledon 2022 a los jugadores rusos y bielorrusos marcó una postura firme, los torneos posteriores les han permitido participar bajo banderas neutrales, una política que las jugadoras ucranianas como Oliynykova consideran insuficiente. Su franqueza reaviva un debate que muchos en el deporte preferirían evitar.

Para Oliynykova, la cancha es tanto un campo de batalla como un púlpito. Su derrota en tercera ronda puede haber terminado su participación en Roland Garros, pero su declaración posterior al partido asegura que su voz resuene mucho más allá de la arcilla. En un deporte a menudo criticado por su zona de confort apolítica, exige responsabilidad en un momento en que la neutralidad puede parecer complicidad. A medida que avanza el torneo, el contraste entre el drama en la cancha y la tragedia fuera de ella sigue siendo marcado. Las palabras de Oliynykova sirven como recordatorio de que para los atletas de naciones devastadas por la guerra, el santuario del deporte nunca está completamente aislado de los horrores exteriores. El mundo del tenis se enfrenta ahora a una pregunta incómoda: ¿puede seguir compartimentando o atenderá los llamados a tomar una postura más clara? Basado en informes de Sky Sports.