El Chelsea llega a la final de la FA Cup del sábado contra el Manchester City como claro perdedor – un papel en el que ya ha prosperado antes. El verano pasado, dejó atónito al Paris Saint-Germain en la final del Mundial de Clubes, alcanzando un 3-0 al descanso con un plan táctico diseñado por el entonces entrenador Enzo Maresca. Ese recuerdo ofrece un rayo de esperanza en Wembley, pero el contexto no podría ser más diferente. Maresca ya no está, y el hombre encargado de sorprender al equipo de Pep Guardiola es Calum McFarlane, entrenador del sub-21 del club, puesto en el punto de mira como interino por segunda vez esta temporada.
Las grietas en la campaña del Chelsea se ampliaron cuando Maresca renunció el día de Año Nuevo, marchándose tras un arrebato público sobre sus "peores 48 horas" después de una victoria sobre el Everton. Su salida pilló desprevenido al club, que tenía la clasificación a la Champions League como objetivo base. Liam Rosenior fue nombrado con un contrato de seis años y medio, pero duró solo 106 días, despedido en medio de una revuelta tóxica en el vestuario y una racha de liga históricamente mala. McFarlane, que ya había cubierto brevemente en enero, fue solicitado para estabilizar el barco – una tarea casi imposible dada la frágil mentalidad de la plantilla.
La ironía es que Maresca es ahora el favorito para reemplazar a Guardiola si el técnico del City dimite este verano. Esto convierte la final en un choque entre el pasado y el futuro de Maresca, añadiendo un subtexto incómodo para los aficionados del Chelsea. El club nunca quiso un cambio a mitad de temporada, pero aquí están, esperando que un entrenador de categorías juveniles pueda superar a uno de los mejores técnicos de la era moderna.
El historial de McFarlane ofrece un ápice de aliento. En su primer período como interino, el Chelsea empató 1-1 con el City en la Premier League, frustrando al equipo de Guardiola con una actuación disciplinada y de contraataque. Sin embargo, desde entonces, la consistencia se ha esfumado. Una victoria desafiante en semifinales de la FA Cup sobre el Leeds mostró el potencial de la plantilla, pero una derrota sin alma por 3-1 en casa ante los suplentes del Nottingham Forest días después subrayó su capacidad de autodestrucción. El patrón de elevar su nivel contra oponentes de élite está bien establecido, pero es una base frágil.
Fuera del campo, hay señales de planificación a largo plazo. Los defensas Reece James y Moisés Caicedo han firmado extensiones de contrato, señalando compromiso con el proyecto. Levi Colwill también ha regresado de una lesión, apuntalando una línea defensiva que será probada por el implacable ataque del City. Sin embargo, la cultura del vestuario sigue profundamente fracturada. Los jugadores se han desconectado bajo sucesivos entrenadores, y quienquiera que tome el relevo de forma permanente – con Xabi Alonso como candidato principal, y las conversaciones avanzando bien – debe reconstruir la confianza y la responsabilidad.
Alonso, ganador del Mundial y la Champions como jugador, inspira respeto inmediato. Su nombramiento sería un gran logro para la jerarquía de BlueCo, que ha enfrentado intensas críticas. El Chelsea ha seguido al exentrenador del Bayer Leverkusen y Real Madrid desde 2023, y se le ve como la figura ideal para imponer disciplina mientras nutre talentos como Cole Palmer y Enzo Fernández. El club está en un período de "autorreflexión", consciente de que añadir cabezas experimentadas a una plantilla joven es esencial si quieren escapar del ciclo de auge y caída.
La victoria en Wembley pondría fin a una pesadilla de seis derrotas consecutivas en finales en el estadio nacional y daría la primera FA Cup desde 2018. Ofrecería un barniz de respetabilidad a una temporada marcada por la disfunción, pero el temor es que pueda ocultar las grietas. El Chelsea no debe confundir un triunfo puntual con un progreso real. Como admitió esta semana el centrocampista Roméo Lavia, los jugadores deben enfrentar verdades duras: "Es difícil de escuchar porque sabes el trabajo que pones cada día", dijo, reconociendo las críticas hacia la plantilla. "Si quieres triunfar, tienes que estar al 100% comprometido".
El belga insiste en que la fe permanece en el campamento, pero las palabras sonarán vacías a menos que vayan respaldadas por un cambio sostenido de actitud. Los años de gloria del Chelsea bajo Roman Abramovich fijaron un listón que el régimen actual no ha alcanzado. La declaración de Lavia – "El día que pierda la fe, probablemente seré el primero en irme de este lugar" – habla de una vena desafiante, pero el malestar del club es más profundo que cualquier partido.
Una sorpresa contra el City sería una historia para los anales, un testimonio de la magia caótica de la FA Cup. Pero tras el pitido final, la jerarquía del Chelsea debe asegurarse de que se convierta en un catalizador y no en una distracción fugaz. Los seis meses de turbulencias exigen respuestas, no una inyección de azúcar. Por todo el talento de la plantilla, una cultura ganadora no se improvisa de la noche a la mañana. El arco de Wembley puede brillar de azul el sábado, pero el verdadero trabajo empieza el lunes.
Basado en reportajes de The Guardian.