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Por qué la candidatura de Bélgica para el Mundial de 2026

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Romelu Lukaku llega al Mundial de 2026 con solo 64 minutos de fútbol de club esta temporada y una carga emocional, mientras la generación dorada de Bélgica

Bélgica llega al Mundial de 2026 con el peso de una generación dorada en declive. La era definida por Eden Hazard, Vincent Kompany y Jan Vertonghen ha pasado en gran parte, pero los restos de esa clase —sobre todo Kevin De Bruyne y Romelu Lukaku— aún ofrecen calidad mundial. Ahora liderados por el experimentado francés Rudi Garcia, los Diablos Rojos afrontan lo que podría ser un último baile para su núcleo veterano, con la esperanza de convertir finalmente décadas de talento en un gran trofeo. El grupo del equipo parece manejable sobre el papel, pero se avecinan desafíos importantes, empezando por el estado físico de su máximo goleador histórico.

La narrativa en torno a Romelu Lukaku está teñida de preocupación. El máximo goleador de la historia de Bélgica, con 90 goles internacionales, ha tenido una preparación tormentosa. Una sucesión de lesiones lo limitó a unos escasos 64 minutos de fútbol de club en el Napoli esta temporada, y no había jugado con la selección hasta una breve aparición desde el banquillo en un amistoso contra Croacia. Esa aparición como suplente sí produjo un gol tardío, pero la realidad más amplia es sombría: Lukaku llega al Mundial sin ritmo de partido significativo. El costo emocional de la reciente muerte de su padre añade otra capa de complejidad. Un jugador que a menudo ha sido el punto focal del ataque belga puede tener que ser manejado con cautela.

El entrenador Rudi Garcia ha sido sincero sobre su enfoque táctico, que está moldeado por las vulnerabilidades defensivas del equipo tras la retirada de iconos como Toby Alderweireld, Kompany y Vertonghen. La línea defensiva es ahora el eslabón más débil, aparte del imponente portero Thibaut Courtois. García favorece un sistema con cuatro defensas, explicando: "Con cinco defensas tengo que sacrificar a un jugador ofensivo y sería una pena". Su razonamiento es emplear un bloque medio, protegiendo la defensa sin sofocar los talentos creativos delante. Es un riesgo calculado que pone la responsabilidad en De Bruyne, Jérémy Doku y otros para que rindan.

El estilo de García es decididamente de la vieja escuela. En su presentación en enero de 2025, declaró: "No se trata de intentar, se trata de hacer, ese es mi lema". Ha enfatizado la "mentalidad" y el "orgullo por la camiseta" como aspectos no negociables, restaurando un ambiente positivo después de la era Domenico Tedesco. Con un currículum directivo que incluye etapas en Lille, Roma, Marsella, Lyon, Al Nassr y Napoli, García aporta una gran experiencia, pero se enfrenta al desafío único de su primer Mundial. Su rechazo al análisis basado en datos en favor del instinto y la gestión de personas es una apuesta que podría galvanizar o exponer a Bélgica.

Las estrellas atacantes ofrecen una esperanza genuina. Kevin De Bruyne sigue siendo uno de los mejores creadores de juego del planeta, capaz de dividir cualquier defensa. Jérémy Doku ha añadido producto final a su velocidad abrasadora; el extremo del Manchester City reconoció su necesidad de mejorar las "estadísticas" y lo ha hecho con centros decisivos y goles clave al final de la temporada de la Premier League. Mientras tanto, la aparición de Matias Fernandez-Pardo, un delantero del Lille de 21 años que cambió su lealtad internacional de España tras una convocatoria, proporciona un comodín. Con dudas sobre Lukaku y el declive de Loïs Openda en la Juventus, la velocidad y los instintos de finalización de Fernandez-Pardo podrían ser vitales.

Defensivamente, Thibaut Courtois es la piedra angular. La capacidad de parada del portero del Real Madrid puede ocultar muchos defectos. Maxim De Cuyper, del Brighton, se ha convertido sorprendentemente en un habitual en el lateral izquierdo con García, contribuyendo ofensivamente e incluso marcando goles importantes para Bélgica. Su situación en el club —a menudo suplente en la Premier League— contrasta con su importancia en la selección, pero el entrenador confía claramente en él para equilibrar las tareas defensivas con las incursiones ofensivas. El probable once inicial presenta estos elementos, pero la profundidad sigue siendo una preocupación.

La campaña de clasificación de Bélgica para el Mundial, aunque exitosa, no estuvo exenta de errores. Terminaron invictos en un grupo que contenía a Gales, Macedonia del Norte, Kazajistán y Liechtenstein, pero los empates contra Macedonia del Norte (dos veces) y Kazajistán levantaron cejas. Los 29 goles marcados en ocho partidos subrayaron la potencia del ataque, pero el hecho de no superar siempre a los rivales insinuó fragilidad. En el torneo propiamente dicho, tales lapsos podrían castigarse más severamente.

El calendario de la fase de grupos está fijado: Bélgica se enfrentará a Egipto el 15 de junio en Seattle (mediodía hora local), luego a Irán el 21 de junio en Los Ángeles (mediodía hora local), y a Nueva Zelanda el 26 de junio en Vancouver (8 p.m. hora local). Estos partidos abarcan la Costa Oeste y distintas zonas horarias, lo que requiere adaptabilidad. Egipto, con su organización defensiva, podría frustrar el ataque belga; la disciplina táctica de Irán bajo presión será una prueba; y Nueva Zelanda, aunque sea la desfavorecida, podría aprovechar cualquier complacencia. Sin embargo, sobre el papel, es un grupo del que Bélgica debería avanzar.

Los aficionados belgas, conocidos por su juerga prepartido impulsada por la cerveza, presentan una paradoja: apasionados pero divididos geográfica y lingüísticamente. La coexistencia de hablantes de neerlandés, francés y alemán dificulta los cánticos coordinados, por lo que las canciones suelen recurrir al inglés. También hay una corriente política subyacente, con escepticismo hacia el presidente estadounidense Donald Trump —quien una vez llamó a Molenbeek, en Bruselas, un "infierno"— que añade una capa de incomodidad. Los precios de las entradas han provocado quejas, pero no se ha materializado ningún boicot. La Federación Belga de Fútbol permanece públicamente en silencio sobre estos asuntos.

Para los Diablos Rojos, este Mundial es un precipicio. La última oportunidad real de la generación dorada de conseguir un trofeo coincide con un entrenador que busca demostrarse en el escenario global y un delantero que lucha contra la forma física y la tristeza. El grupo ganable ofrece un camino suave, pero las fases eliminatorias exigirían más que brillantez individual. Si el énfasis de García en la libertad ofensiva y la unidad puede forjar un colectivo capaz de superar los casi éxitos del pasado definirá la narrativa de Bélgica en Norteamérica. El viaje comienza contra Egipto, con esperanza y aprensión a partes iguales.

Basado en reportajes de The Guardian.