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Por qué la expansión de la Copa del Mundo 2030 a 64 equipos

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El plan de Conmebol para expandir la Copa del Mundo 2030 a 64 equipos está condenado, según fuentes, con la UEFA y otras confederaciones firmemente opuestas.

La Copa del Mundo 2026 en Estados Unidos, México y Canadá marca un cambio histórico como el primer torneo en contar con 48 equipos, frente a los 32. Esta expansión ya ha generado debate, pero antes de que se haya pateado un balón, ha surgido una propuesta más ambiciosa, que ha sido rápidamente rechazada. La idea de inflar aún más la Copa del Mundo 2030 a 64 naciones está “destinada al fracaso”, según fuentes cercanas a múltiples confederaciones que hablaron con MARCA. A pesar del respaldo entusiasta de la CONMEBOL sudamericana, el plan enfrenta una oposición casi universal que hace que su futuro sea inexistente.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, escuchó la propuesta el pasado septiembre cuando representantes de Uruguay, Argentina y Paraguay la plantearon durante una reunión en Nueva York. Esas tres naciones serán anfitrionas de los partidos inaugurales del torneo de 2030, que también celebrará el centenario de la Copa del Mundo. La importancia histórica parecía la ocasión perfecta para un evento aún más grandioso, pero la reacción ha sido abrumadoramente negativa. Infantino escuchó cortésmente pero no ha tomado más medidas, según las fuentes de MARCA, dejando la idea sobre la mesa sin camino a seguir.

La fuerza impulsora detrás de la visión de 64 equipos es la CONMEBOL, la confederación sudamericana, pero la propuesta ha encontrado resistencia incluso entre sus propios miembros. Algunas de las asociaciones de fútbol más poderosas del continente se oponen, creando divisiones internas. Fuera de Sudamérica, la oposición es aún más pronunciada. La UEFA, el organismo rector europeo, está firmemente en contra de la expansión, y el sentimiento es compartido por prácticamente todas las demás confederaciones. Sin un amplio apoyo, cualquier movimiento para considerar formalmente el cambio es imposible bajo la estructura de gobierno de la FIFA.

Las objeciones principales se centran en el bienestar de los jugadores y el ya sobrecargado calendario futbolístico. El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, ha sido especialmente vocal, declarando recientemente en Madrid que el calendario no puede estirarse más sin dañar la salud de los jugadores. Una Copa del Mundo de 64 equipos significaría más partidos, torneos más largos y menos tiempo de recuperación para los futbolistas de élite en medio de temporadas de clubes ya congestionadas y descansos de verano. Ceferin ha abogado por reducir el número de partidos, no por agregar más, destacando un choque fundamental de filosofías entre las confederaciones.

El salto a 48 equipos en la edición de 2026 ya es un experimento observado de cerca. Los críticos temen que diluir el campo baje la calidad de los partidos y sobrecargue a los jugadores, mientras que los partidarios argumentan que da a más naciones la oportunidad de brillar en el escenario global. El rendimiento y los desafíos logísticos del torneo de 2026 marcarán la pauta para cualquier discusión futura. Si el formato de 48 equipos resulta exitoso, podría aliviar las preocupaciones, pero ir a 64 aún requeriría un cambio dramático en infraestructura y programación que la mayoría de las partes interesadas no están dispuestas a contemplar.

El centenario de la Copa del Mundo en 2030 añade una poderosa dimensión emocional. La decisión de que Uruguay, Argentina y Paraguay sean anfitriones de los partidos inaugurales fue un guiño a los orígenes del torneo, ya que Uruguay organizó y ganó la primera Copa del Mundo en 1930. Expandir el campo a 64 para un hito tan histórico habría sido un gesto simbólico, pero el simbolismo por sí solo no puede superar las realidades prácticas. Las propias naciones sudamericanas participantes enfrentarían enormes cargas logísticas, con estadios y alojamientos llevados al límite.

La propia historia de la FIFA con grandes planes de expansión revela un patrón de resistencia. Hace unos años, Infantino impulsó un concepto de Copa Mundial de Clubes bienal, solo para verlo colapsar bajo la feroz oposición de la Asociación Europea de Clubes y otras poderosas partes interesadas. Las consecuencias de ese episodio ilustran la dificultad de impulsar reformas radicales sin consenso. La propuesta de la Copa del Mundo de 64 equipos parece seguir el mismo guión: una idea ambiciosa que carece del respaldo necesario para ir más allá de una discusión especulativa.

Las consideraciones financieras, a menudo el motor detrás de tales propuestas, también son turbias. Un torneo de 64 equipos generaría muchos más partidos y potencialmente mayores ingresos por transmisión, pero los costos de organización y la dilución de la integridad competitiva podrían socavar el valor de la marca de la Copa del Mundo. Los patrocinadores y las cadenas de televisión podrían oponerse a un formato que corre el riesgo de convertir el evento futbolístico más prestigioso del mundo en una maratón de desencuentros. La FIFA debe equilibrar los intereses comerciales con la credibilidad del producto deportivo, y el consenso actual sugiere que un modelo de 64 equipos no supera esa prueba.

De cara al futuro, la Copa del Mundo 2030 casi con certeza seguirá siendo un evento de 48 equipos. Las festividades del centenario seguirán siendo trascendentales, con los simbólicos partidos inaugurales sudamericanos anclando un torneo en tres continentes anfitriones: Europa, África y Sudamérica. El enfoque ahora se desplaza a cómo se desempeñe la edición de 2026 y si el plan de 48 equipos puede satisfacer la demanda de inclusividad sin superar los límites prácticos. En el futuro previsible, la idea de una Copa del Mundo de 64 equipos no es más que una reliquia de una ambición desmedida.

El mensaje del mundo del fútbol es claro: la expansión tiene sus límites. Mientras la FIFA continúa explorando formas de globalizar el juego, el rechazo abrumador a un torneo de 64 equipos en 2030 subraya la importancia del consenso entre las partes interesadas. Mientras jugadores, entrenadores y aficionados se preparan para el primer espectáculo de 48 equipos, el deporte pronto descubrirá si más grande realmente significa mejor. Por ahora, la única certeza es que la Copa del Mundo 2030 no será el doble de grande que la que la precedió. Basado en información de Marca.