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Por qué los 10 goles de Kvaratskhelia en la UCL hacen

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Los 10 goles y 6 asistencias de Kvaratskhelia, con 4,19 disparos por 90 minutos, muestran el volcán creativo del extremo del PSG, impulsado por su corte

Khvitcha Kvaratskhelia se ha convertido en la fuerza más prolífica del Paris Saint-Germain en esta edición de la Champions League, combinando volumen de élite con producción decisiva. El extremo georgiano de 25 años ha marcado 10 goles y dado 6 asistencias, siendo el máximo goleador del PSG y el máximo asistente conjunto en la competición. Sus números reflejan a un jugador de actividad incansable: promedia 4,19 disparos por 90 minutos, el tercero más alto del torneo solo por detrás de Kylian Mbappé y Victor Osimhen, mientras intenta cinco regates por partido con un 50% de éxito, el segundo en la plantilla detrás de Désiré Doué. Además, toca el balón 70 veces por partido, lo que le sitúa en cuarto lugar entre todos los extremos de la competición, por detrás de Michael Olise, Doué y Lamine Yamal.

Lo que distingue a Kvaratskhelia no es solo la cantidad, sino la calidad y variedad de sus contribuciones ofensivas. Destaca por fijar a los defensas en la banda, estirar a la oposición y luego explotar en profundidad. En posesión, su inventiva brilla: manipula constantemente la orientación de su cuerpo para desorientar a los marcadores, siempre buscando el ángulo óptimo para lanzar su movimiento característico: recortar hacia dentro desde la banda izquierda para disparar al palo lejano. Esta técnica se ha convertido en un sello distintivo, y fue fundamental en su mentalidad antes del partido de ida de las semifinales de la Champions League contra el Bayern de Múnich.

Antes de ese choque dramático, que terminó 5-4 a favor del PSG el 28 de abril, Kvaratskhelia habló abiertamente sobre sus objetivos. "C'est mon objectif," dijo. "Je le travaille beaucoup, étant donné que je suis ailier : repiquer dans l'axe et tirer." Traducido, el extremo admitió que su principal enfoque como jugador de banda es trabajar constantemente en desplazarse hacia el centro y disparar, una habilidad que ha perfeccionado hasta casi la perfección. Esta determinación ha dado frutos, ya que ha marcado o asistido en nueve de los goles del PSG en eliminatorias desde los octavos de final (seis goles, tres asistencias), subrayando su pedigree en los grandes partidos.

Los datos avalan la percepción visual. El volumen de disparos de Kvaratskhelia le sitúa entre la élite de la competición, solo por detrás de Mbappé y Osimhen en intentos por 90. Sin embargo, a diferencia de esos delanteros puros, genera sus oportunidades a través de un juego de banda intrincado en lugar de aparecer como depredador. Sus cinco regates por partido, aunque no son los más altos (Doué lidera al PSG en esa métrica), representan una amenaza constante que obliga a las defensas a doblar la marca, creando espacio en otros lugares. Y sus 70 toques por partido revelan a un jugador que exige el balón, marcando el ritmo desde las bandas, algo poco común para un extremo, normalmente reservado para los creadores centrales.

Esta combinación de volumen y habilidad ha transformado el ataque del PSG. Con Osimhen liderando la línea por el Galatasaray y Mbappé ahora en el Real Madrid, Kvaratskhelia ha llenado el vacío como principal catalizador en la capital francesa. Su capacidad para actuar tanto como finalizador como facilitador le hace impredecible. Los defensas no pueden simplemente forzarle a ir hacia fuera porque su objetivo final es recortar hacia dentro, pero también se siente cómodo conduciendo hasta la línea de fondo para centrar atrás, como demuestran sus seis asistencias.

La semifinal contra el Bayern fue un microcosmos de su temporada. En una caótica victoria por 5-4, el movimiento y la determinación de Kvaratskhelia fueron fundamentales, incluso si no marcó todos los goles él mismo. Su mera presencia en el carril izquierdo preocupó a la defensa del Bayern, permitiendo a compañeros como Doué explotar los espacios. Ese impacto trasciende la hoja estadística y explica por qué es el "volcán" del PSG, como lo han apodado los medios locales, una fuente siempre eruptiva de peligro.

Viendo su evolución, el ascenso de Kvaratskhelia de prometedor talento en el Nápoles a estrella de la Champions League en el PSG ha sido meteórico. Lo llamativo es su inteligencia táctica: ha añadido capas a su juego, especialmente sus desmarques sin balón y su trabajo defensivo, que pasan desapercibidos entre los resúmenes de jugadas destacadas. Su presión y su seguimiento de los rivales le han ganado la confianza en el exigente sistema de Luis Enrique, donde cada jugador debe contribuir sin balón.

Para el PSG, las implicaciones son claras. Con la final a la vista, el estado de forma de Kvaratskhelia podría ser la diferencia entre un trofeo y otro casi logro. Su creatividad no es solo un lujo; es una necesidad estructural. Mientras los equipos se centren en anularle, las otras armas del PSG —Doué, Gonçalo Ramos, Ousmane Dembélé— encuentran espacio para brillar. En el fútbol moderno, donde los bloques bajos son comunes, tener un jugador que puede fabricar disparos de la nada es invaluable.

La autoconciencia de Kvaratskhelia es quizás su mayor arma. Al declarar públicamente su obsesión con el recorte interior, desafía a los oponentes a detener algo que ya saben que viene, una batalla de ingenio que suele ganar. Esta ventaja psicológica, combinada con sus dones técnicos, le convierte en uno de los atacantes más temidos de Europa. A medida que la temporada entra en su fase decisiva, todas las miradas estarán puestas en el mago georgiano para que conjure más momentos de genialidad.

Basado en reportajes de L'Equipe.