Al comienzo de la segunda mitad, el Atlético de Madrid salió con renovada energía, decidido a encontrar un empate que los mantuviera vivos en la competición. Se enfrentaron a un Arsenal desprevenido por las incesantes oleadas de ataques lanzadas por los rojiblancos. La presión era palpable, y pronto llevó a dos incidentes que requirieron la intervención del Árbitro Asistente de Video (VAR).
La primera revisión del VAR se centró en un posible penalti para Giuliano. Mientras Giuliano entraba al área, pareció ser tocado por un defensor del Arsenal, lo que lo llevó al suelo. El árbitro inicialmente dejó seguir el juego, pero el equipo del VAR examinó más de cerca. Después de una breve verificación, determinaron que el contacto era insuficiente para conceder un penalti, y el juego se reanudó sin más acciones.
Minutos después, se desarrolló otro momento controvertido. Antoine Griezmann, recortando desde la izquierda, estaba a punto de disparar cuando Pubill del Arsenal hizo una entrada. La entrada claramente impidió el avance de Griezmann, y muchos dentro del estadio esperaban un penalti. Sin embargo, el árbitro en cambio pitó una falta sobre Pubill cometida por un jugador del Atlético antes en la jugada. La decisión detuvo efectivamente el juego antes del incidente de Griezmann, impidiendo cualquier consideración de penalti.
El VAR revisó la secuencia y confirmó que la falta inicial sobre Pubill era correcta. Como resultado, no se pudo conceder el posible penalti a Griezmann porque la jugada ya se había detenido. Esta decisión generó debate: si bien la falta sobre Pubill era válida, el contacto posterior sobre Griezmann habría sido un penalti claro si el juego hubiera continuado. Las manos del VAR estaban atadas por las reglas del juego.
El incidente destacó los márgenes ajustados en el fútbol moderno, donde una falta en una fase del juego puede afectar directamente la capacidad de castigar una ofensa más obvia más tarde. Los aficionados del Atlético quedaron frustrados, sintiendo que se les negó una clara oportunidad de gol. El Arsenal, por otro lado, respiró aliviado mientras continuaban defendiendo su ventaja.
A pesar de estas controversias, el Atlético siguió presionando. El espíritu del equipo se mantuvo alto, pero no lograron encontrar el avance. El partido finalmente terminó sin el empate, dejando al Atlético lamentando lo que pudo haber sido. Las revisiones del VAR, aunque técnicamente correctas, dejaron una persistente sensación de injusticia para el equipo local.
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