Es una trayectoria que desafía los tiempos normales. Hace doce meses, Robin Risser luchaba por evitar el descenso en la segunda división francesa con el Red Star. Ahora, el portero de 21 años está instalado en Clairefontaine, clasificado oficialmente como la tercera opción bajo los palos para los actuales campeones del mundo mientras se preparan para el próximo Mundial. El ascenso de Risser no es solo un cuento de hadas personal, sino un testimonio de la profundidad e imprevisibilidad del canal de talento del fútbol francés.
La temporada pasada, Risser estaba cedido en el Red Star, un histórico club parisino que luchaba por no descender en la Ligue 2. Sus actuaciones fueron sólidas, pero lejos de llamar la atención. Pocos fuera de los círculos de scouting lo habrían considerado como un futuro internacional. Sin embargo, un traspaso de verano al Lens lo cambió todo. Bajo la tutela de Franck Haise, Risser aprovechó su oportunidad cuando el primer titular Brice Samba se marchó, convirtiéndose en uno de los jóvenes porteros más fiables de la Ligue 1.
La campaña 2024-25 con el Lens fue un sueño hecho realidad. Risser defendió la portería del club en una histórica conquista de la Copa de Francia, con una actuación dominante en la final cuando el Lens venció al Niza 3-1. En la liga, fue la última línea de una defensa sólida que llevó al Paris Saint-Germain al límite, terminando finalmente segundos, un logro monumental para un equipo que no ganaba el título de primera división desde 1998. Al final de la temporada, Risser había acumulado 14 porterías a cero y detenido dos penaltis, números que lo situaron en el debate nacional.
Didier Deschamps, que nunca pasa por alto la forma doméstica, convocó a Risser para la concentración previa al Mundial. Con el capitán Hugo Lloris retirado y Mike Maignan firmemente establecido como número uno, el puesto de tercer portero estaba en juego. Risser se impuso a sus rivales gracias a su habilidad con el balón, su compostura bajo presión y su rápida curva de mejora. "El entrenador me explicó mi papel dentro del grupo, y el capitán [Kylian Mbappé] también lo hizo", reveló Risser en su primera rueda de prensa. Esa tutoría de senior a junior es un sello distintivo del sistema francés y señala la confianza depositada en un jugador sin partidos internacionales previos.
En Clairefontaine, el salto del fútbol de clubes a los Bleus es palpable. Los entrenamientos enfrentan a Risser contra una galaxia de talento ofensivo: Mbappé, Kingsley Coman, Ousmane Dembélé y Antoine Griezmann disparan todos contra él. Se queda después de las sesiones, exponiéndose deliberadamente a ejercicios de finalización implacables. "Seré ese portero que se queda al final para que los atacantes me machaquen", comentó, una señal de su disposición a servir como un compañero de entrenamiento de alto nivel mientras espera su turno.
A pesar del torbellino, Risser no proyecta grandeza ni síndrome del impostor. Sus entrevistas transmiten una madurez tranquila, producto quizás de la resiliencia forjada durante sus meses en categorías inferiores. "No tengo complejos, ni pretensiones", dijo, reconociendo la velocidad de su ascenso sin sentirse abrumado. Ese equilibrio es precisamente lo que Deschamps valora en un tercer portero: una influencia positiva en el vestuario que entrena como titular y nunca perturba la armonía del equipo.
Ser el tercer portero en un Mundial es un papel único. Salvo lesión o sanción de Maignan y del segundo portero Samba, Risser no jugará ni un minuto. Su trabajo es presionar a los demás en los entrenamientos, estudiar las jugadas a balón parado de los rivales y proporcionar retroalimentación analítica específica para porteros. Sin embargo, la presencia de un joven de 21 años en ese puesto dice mucho. A diferencia de torneos anteriores, donde Francia llevaba a un veterano experimentado como seguro, esta elección invierte en el futuro: Risser obtiene un asiento en primera fila para la preparación de élite y adquiere una experiencia invaluable para el próximo ciclo.
Para el Lens, el reconocimiento internacional de Risser es una validación de su modelo. El club lo sacó del anonimato, lo desarrolló meticulosamente y ahora lo ve en el escenario global. Refuerza la noción de que la Ligue 1 sigue siendo una fábrica de porteros de clase mundial, siguiendo la estela de Lloris, Maignan, Alphonse Aréola y ahora Risser. Económicamente, una buena actuación en el Mundial, incluso desde el banquillo, puede multiplicar el valor de traspaso de un jugador, aunque el Lens no tendrá prisa por vender un activo formado en casa con un contrato a largo plazo.
En cuanto al torneo en sí, Francia llega como uno de los favoritos. El papel de Risser puede parecer periférico, pero la moral del equipo y la intensidad de los entrenamientos dependen de que cada miembro se comprometa con la misión. Si los Bleus llegan lejos, la camaradería construida entre los 26 jugadores se convierte en un factor. Risser, según todos los indicios, ha aceptado su lugar en esa hermandad desde el primer día.
La narrativa de un jugador que salta de la Ligue 2 a un Mundial en 12 meses es rara pero no sin precedentes en la historia francesa. Arcos similares, piensen en Franck Ribéry pasando del Brest a la selección del Mundial de 2006, o el rápido ascenso de Benjamin Pavard, subrayan que en Francia, la pirámide ofrece a veces atajos verticales para aquellos listos para aprovecharlos. Risser ahora pertenece a ese grupo selecto, y sus perspectivas futuras son vertiginosas. Un buen torneo, incluso sin minutos, podría convertirlo en un serio candidato para el puesto titular cuando comience el nuevo ciclo de clasificación.
De vuelta en Clairefontaine, los guantes de portero están ordenados. Sesión tras sesión, Risser continúa absorbiendo la sabiduría del entrenador de porteros Franck Raviot, que ha supervisado una generación de porteros de élite franceses. Cada zambullida, cada ejercicio de distribución, cada reunión de video es un paso hacia ser algo más que un tercer portero. Por ahora, sin embargo, se contenta con desempeñar su papel, por pequeño que parezca desde fuera.
La historia de Robin Risser es un recordatorio de que la rotación en el fútbol puede ser brutal pero también increíblemente rápida. Desde una pelea por el descenso hasta las puertas de la gloria mundial, su viaje encapsula la esperanza que alimenta los sueños de cada joven jugador en el vasto grupo de talento de Francia. Mientras la selección nacional pone sus miras en otra estrella, una nueva cara entre los palos está lista, no como titular todavía, pero ya no solo como una esperanza.
Basado en reportajes de L'Equipe.