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Sin OM en la convocatoria de Francia para el Mundial 2026

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Por primera vez desde 1986, ningún jugador del Olympique de Marseille forma parte de la selección francesa para el Mundial. Didier Deschamps dejó fuera a

Por primera vez en casi cuatro décadas, la selección francesa acudirá a un Mundial sin un solo representante del Olympique de Marseille. La lista de 26 jugadores de Didier Deschamps para el torneo de 2026, revelada el jueves por la noche en TF1, marcó una ruptura histórica con la tradición, poniendo fin a una racha de 39 años con jugadores del OM en las convocatorias mundialistas de los Bleus.

La omisión, aunque llamativa, no fue del todo inesperada. Un análisis de la plantilla del Marsella revela una escasez de internacionales franceses capaces de abrirse paso en los planes de Deschamps. Solo el defensa Benjamin Pavard, campeón del mundo en 2018, parecía tener una oportunidad real, pero incluso él había sido excluido de las dos últimas concentraciones de la selección, lo que indicaba una caída en su cotización internacional.

La pérdida de protagonismo de Pavard coincide con un bajón de forma y una intensa competencia por los puestos en la defensa de Francia. Desde su traspaso al OM, el jugador de 28 años ha tenido dificultades para recuperar la regularidad que lo convirtió en un fijo con Deschamps en campañas anteriores. Su ausencia de la lista final subraya la meritocracia brutal que impera en el conjunto campeón.

Para apreciar la magnitud de este hito, hay que remontarse a 1986. Ese año, Francia viajó a México para el Mundial sin un solo jugador del OM, un escenario moldeado por las recientes dificultades del club. El Marsella había sufrido un descenso parcial a segunda división y acababa de finalizar en un modesto 12º puesto en la máxima categoría, aunque llegó a la final de la Copa de Francia esa temporada.

Curiosamente, la convocatoria de 1986 sí incluía a una futura leyenda del OM. Jean-Pierre Papin fue seleccionado por el entrenador Henri Michel cuando aún pertenecía al Club Brujas. Papin completaría su traspaso al Marsella poco después del torneo, donde su prolífica capacidad goleadora impulsaría al club hacia una era dorada y cimentaría sus credenciales para el Balón de Oro. Su inclusión creó una tecnicidad: aunque el OM no tenía jugadores al inicio del torneo, el inminente traspaso de Papin mantenía vivo un vínculo simbólico.

Esta vez, no existe tal puente narrativo. La actual plantilla del Marsella, ensamblada bajo la dirección del entrenador Roberto De Zerbi, se apoya en gran medida en internacionales de otras naciones o jóvenes talentos franceses aún no preparados para la selección absoluta. Jugadores como Amine Harit o Iliman Ndiaye ofrecen calidad pero representan a Marruecos y Senegal, respectivamente, mientras que prometedores prospectos franceses como Quentin Merlin o Emran Soglo permanecen lejos del radar de Deschamps.

Las implicaciones para el OM son múltiples. Históricamente, el club ha sido una fábrica fiable para la selección francesa, suministrando iconos como Didier Drogba —que representó a Costa de Marfil pero se formó en Marsella— junto al propio Didier Deschamps, Fabien Barthez y, más recientemente, Florian Thauvin y Dimitri Payet. Un Mundial sin un jugador del Marsella es, por tanto, un golpe simbólico que pone de relieve un cambio en el panorama del fútbol francés, donde el talento se concentra cada vez más en el Paris Saint-Germain y en clubes del extranjero.

Desde la perspectiva de la selección nacional, la elección de Deschamps refleja un enfoque despiadadamente pragmático. Con Francia aspirando a recuperar el título tras una decepcionante campaña en 2022, el seleccionador ha optado por jugadores contrastados que se desempeñan en los clubes de élite de Europa. La omisión de Pavard, en favor de alternativas como Jules Koundé o William Saliba, sugiere que ningún jugador del OM cumple actualmente con el exigente listón.

Además, esta sequía puede acelerar la reflexión interna en el Stade Vélodrome. La directiva del Marsella, incluido su presidente Pablo Longoria, ha enfatizado durante mucho tiempo un proyecto basado en desarrollar talento para el fútbol europeo de élite. La ausencia en el escenario mundialista sirve como una llamada de atención, subrayando la brecha entre la ambición y la realidad.

Las comparaciones con 1986 también invitan a un sentido histórico de resiliencia. Ese año, la selección francesa superó las expectativas al llegar a las semifinales, perdiendo solo ante Alemania Occidental. Para el OM, la posterior llegada de Papin anunció un período transformador. Queda por ver si la historia puede ofrecer un paralelismo esperanzador, pero por ahora, Marsella debe enfrentar una verdad incómoda: su relevancia global está disminuyendo en el mismo momento en que se desarrolla el mayor escaparate del deporte.

A medida que se acerca el Mundial, la atención se centrará inevitablemente en los jugadores que sí lograron entrar en la lista y en el plan táctico que ha trazado Deschamps. Sin embargo, la ausencia del OM perdurará como una curiosidad estadística y una advertencia. Es un recordatorio de que en el fútbol moderno, incluso las instituciones más históricas pueden quedarse atrás sin una innovación e inversión constantes.

Basado en información de L'Equipe.