En un importante encuentro diplomático, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en la Casa Blanca para una reunión que se extendió mucho más allá del tiempo previsto. La sesión prolongada, que incluyó un almuerzo de trabajo, duró aproximadamente tres horas y se realizó completamente a puerta cerrada.
Tras la reunión, Trump recurrió a su plataforma Truth Social para elogiar a su homólogo brasileño. Describió a Lula como "muy dinámico" y calificó el encuentro en general como una buena reunión. El presidente estadounidense también indicó que se organizarían sesiones de seguimiento en los próximos meses según lo requieran las circunstancias.
La duración prolongada de la reunión obligó a un cambio en el programa de medios previsto. Originalmente, ambos líderes debían dirigirse a los periodistas en el Despacho Oval a una hora determinada, pero la sesión duró casi una hora más de lo previsto. Como resultado, la aparición conjunta ante la prensa en la Casa Blanca fue cancelada.
En su lugar, el presidente Lula se dirigió directamente a la embajada brasileña en Washington, donde tenía previsto hablar con la prensa. Este ajuste se realizó para adaptarse a la extensa discusión entre los dos jefes de Estado y sus respectivas delegaciones.
Los detalles del interior de la reunión pintaron un panorama positivo. Un ministro brasileño que participó describió el ambiente como "extremadamente positivo". Otro participante señaló que Trump no estaba familiarizado con ciertos asuntos económicos brasileños, incluido el sistema de pago Pix y el déficit comercial del país, pero estos temas fueron explicados durante la conversación.
Una nota cultural interesante surgió de los procedimientos: el presidente Lula solicitó que toda su delegación hablara en portugués durante la reunión, incluso aquellos con fluidez en inglés. Intérpretes estuvieron presentes para facilitar la comunicación entre los dos equipos.
El saludo inicial entre los dos líderes fue notablemente cordial. Los observadores notaron que el apretón de manos carecía del estilo agresivo que a veces se asocia con las interacciones de Trump con otros líderes mundiales, y un comentarista lo describió como marcado por "suavidad y ternura".
El almuerzo de trabajo incluyó un menú que constaba de ensalada romana con aderezo cítrico, filete de res a la parrilla con puré de frijoles negros y duraznos caramelizados con tarta de pannacotta y helado de crema de postre. Basado en reportajes de g1.