Bev Priestman está a una victoria de conseguir su primer trofeo como entrenadora de la selección femenina de Nueva Zelanda, menos de un año después de que una suspensión perjudicial marginara su carrera. La entrenadora canadiense fue suspendida por la FIFA por su papel en una operación de espionaje con drones que avergonzó a Canada Soccer durante los Juegos Olímpicos de París 2024. Ahora, ha reconstruido silenciosamente su reputación en un nuevo país, guiando a las Football Ferns al borde de un trofeo.
La caída en desgracia de Priestman fue dramática. Llevó a Canadá a una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, consolidando su estatus como una de las mejores entrenadoras del fútbol femenino. Pero todo se desmoronó en París cuando miembros del personal fueron sorprendidos usando un dron para filmar los entrenamientos de Nueva Zelanda. El escándalo resultante llevó a una suspensión de un año para Priestman de todas las actividades futbolísticas, una multa masiva para Canada Soccer y una deducción de seis puntos para el equipo en el torneo olímpico. Muchos se preguntaron si volvería a dirigir al más alto nivel.
La suspensión obligó a Priestman a alejarse por completo del deporte. Permaneció en gran medida fuera del ojo público, evitando entrevistas y dejando que la controversia se desvaneciera. Durante meses, su futuro como entrenadora parecía incierto. Luego, a principios de 2025, surgió una oportunidad inesperada. Nueva Zelanda, buscando un nuevo rumbo después de su propia actuación olímpica decepcionante, contactó a Priestman. A pesar de su reputación empañada, vieron a una entrenadora con éxito comprobado y un punto que demostrar.
Priestman aceptó el cargo en silencio, sin mucho bombo. Llegó a Nueva Zelanda y de inmediato comenzó a trabajar para ganarse a los jugadores y aficionados que aún desconfiaban del escándalo de los drones. Sus primeros meses se centraron en generar confianza e implementar su filosofía táctica. Los resultados fueron variados al principio, pero lentamente las Ferns comenzaron a encontrar su ritmo. Una serie de actuaciones prometedoras en amistosos y competiciones regionales insinuaron un equipo en ascenso.
Ahora, ese progreso constante ha culminado en una oportunidad de conseguir un trofeo. Los detalles del trofeo específico no se revelan en los informes, pero las fuentes indican que el equipo de Priestman ha avanzado a una final de torneo o eliminatoria que determinará un campeón. El logro marca un notable giro para una entrenadora que hace apenas unos meses estaba suspendida del juego. Si bien el trofeo puede no tener el peso de un oro olímpico, representaría un hito personal significativo y un paso hacia la rehabilitación.
El escándalo de los drones continúa persiguiendo al fútbol canadiense, pero Priestman se ha distanciado de ese capítulo. No ha hecho comentarios públicos sobre el incidente desde su suspensión, centrándose en cambio en el éxito de su nuevo equipo. La comunidad futbolística de Nueva Zelanda la ha acogido en gran medida, y los jugadores elogian su perspicacia táctica y liderazgo. Una victoria en el próximo partido no solo silenciaría a los críticos, sino que también confirmaría que Priestman todavía tiene un futuro en la cima del fútbol femenino.
Por ahora, el enfoque sigue en el resultado. Priestman está a 90 minutos, o quizás 120, de grabar su nombre en la historia del fútbol de Nueva Zelanda. El camino no ha sido nada fácil, pero ha llevado silenciosamente a las Ferns al borde de la gloria.
Basado en información de ESPN.