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Documental de Cantona: Por qué Ferguson y Beckham defienden

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Alex Ferguson y David Beckham defienden el legado de Eric Cantona en un nuevo documental presentado en Cannes, revisitando la patada a un aficionado en 1995 y

Un nuevo documental sobre Eric Cantona, estrenado en el Festival de Cine de Cannes, se basa en gran medida en los momentos más volcánicos del icónico francés, pero su núcleo emocional reside en la feroz lealtad que aún despierta entre quienes mejor lo conocieron. Sir Alex Ferguson y David Beckham aparecen de manera destacada, ofreciendo defensas sólidas y a menudo conmovedoras del hombre al que los seguidores del Manchester United nombraron 'El Rey'. La película, aunque algo repetitiva en su compilación de imágenes ya conocidas, proporciona un contexto nuevo a una carrera que brilló intensamente, aunque brevemente, en la cúspide del fútbol inglés.

Cantona llegó a Old Trafford en noviembre de 1992, un fichaje de £1.2 millones desde el Leeds United, un jugador cuyo talento era tan inmenso como su reputación de ser explosivo. Bajo la dirección de Ferguson —y con la famosa protección inquebrantable del entrenador— Cantona se convirtió en el catalizador de una dinastía. El documental incluye entrevistas extensas con Ferguson, quien recuerda no solo los goles y los títulos, sino la feroz inteligencia y vulnerabilidad del hombre. Beckham, entonces un joven centrocampista en las filas del United, recuerda cómo el aura de Cantona enseñó a una generación dorada lo que significaba ganar.

El eje dramático de la película es, inevitablemente, la noche del 25 de enero de 1995. En Selhurst Park, tras ser expulsado contra el Crystal Palace, Cantona lanzó una patada voladora a un espectador que había corrido al frente de la grada para insultarlo. El documental repite las impactantes imágenes, pero su valor reside en las consecuencias. Ferguson describe la gestión inmediata de la crisis del club, mientras que los cercanos a Cantona pintan la imagen de un hombre tan acosado que un instinto oscuro y vengativo se apoderó de él. El incidente llevó a una audiencia disciplinaria donde Cantona enfrentó una suspensión sin precedentes de nueve meses y una condena penal por agresión, luego conmutada a servicio comunitario en apelación.

Es después de esta suspensión que la película descubre parte de su material más intrigante. La infame declaración de Cantona en una conferencia de prensa —'Cuando las gaviotas siguen al arrastrero, es porque piensan que se arrojarán sardinas al mar'— se revisita no como un momento de absurdidad, sino como una desviación poética y calculada. El documental sugiere que la frase fue un guiño premeditado a sus propias sensibilidades artísticas, una negativa a hacer el papel de penitente en términos establecidos por los medios. Ferguson y Beckham interpretan la críptica frase como un escudo, una forma de recuperar el control narrativo en una vida que se había desbordado más allá del campo.

Inusualmente, el documental ignora en gran medida los cánticos más salaces de las gradas y los chismes de la prensa amarilla que se aferraban a Cantona, centrándose en cambio en su arte futbolístico y las contradicciones intelectuales de un hombre que ahora cita a Baudelaire en una iglesia desierta. Esta selectividad puede frustrar a quienes buscan un retrato más crudo, pero refuerza la clara intención de la película: elevar a Cantona por encima de la caricatura del bruto de sangre caliente. El comentario contemporáneo de Nick Hancock —de que la patada fue 'horrible, terrible, trágica pero sobre todo muy, muy divertida'— está notablemente ausente, subrayando la seriedad con la que los cineastas tratan a su sujeto.

La vida post-futbolística de Cantona ocupa una parte significativa del documental. Su giro hacia la actuación se celebra a través de un clip de Elizabeth de Shekhar Kapur, donde actuó junto a Cate Blanchett como un embajador francés, y su encantadora autoparodia en Looking for Eric de Ken Loach. Los papeles más extravagantes —sobre todo un vampiro priápico en la película de culto You and the Night— se omiten extrañamente, quizás para preservar el retrato digno que los cineastas han construido. Hoy, revela la película, Cantona se dedica a crear enormes pinturas de acción en su finca, una existencia solitaria que parece tanto monástica como auto-mitificadora.

Una de las teorías más provocativas del documental vincula el temperamento volcánico de Cantona con un capítulo a menudo pasado por alto de su carrera: su tiempo en el Olympique de Marsella bajo la propiedad de Bernard Tapie. Tapie, un empresario carismático pero sin escrúpulos, encarcelado más tarde por amaño de partidos, se presenta como una influencia formativa: un ejemplo de cómo la pasión bruta, sin control, podía galvanizar un vestuario y una afición. La sugerencia es que Cantona, tras presenciar la fusión de éxito y furia de Tapie, internalizó un modelo de liderazgo que era tanto inspiración como intimidación.

Para el Manchester United, las implicaciones de la suspensión de Cantona fueron inmediatas y severas. El equipo, privado de su talismán, perdió por poco el título de la Premier League 1994-95 ante el Blackburn Rovers, un fracaso que aún duele a los implicados. Sin embargo, su regreso en octubre de 1995 provocó un resurgimiento que logró un doblete nacional y, en retrospectiva, cimentó su leyenda. El documental subraya cómo el firme apoyo de Ferguson durante la sanción creó un vínculo que trascendió la relación jugador-entrenador, convirtiéndose en un ejemplo definitorio de cómo la lealtad puede aprovechar y redimir el brillo caótico.

En última instancia, esta entrada en Cannes es un documental ferviente, de servicio al fanático, que deleitará a quienes recuerdan el andar con el cuello levantado y los voleas sublimes de Cantona. Sin embargo, al poner en primer plano las voces de Ferguson y Beckham, también sirve como una meditación sobre la naturaleza del genio futbolístico: desordenado, cambiante y a menudo malinterpretado por aquellos fuera del círculo íntimo. Puede que no convierta a los no iniciados, y su tono hagiográfico irritará a los críticos de los excesos de Cantona, pero como cápsula del tiempo de la cultura futbolística de los 90, captura la electricidad de un hombre que, durante unos años trascendentes, doblegó la Premier League a su voluntad. Basado en información de The Guardian.